Iliá Ehrenburg y las memorias de un siglo de caos: entre guerras y esperanza
Iliá Ehrenburg, el escritor y periodista ruso-soviético, vivió en carne propia los eventos que definieron el siglo XX. Su obra Gente, años, vida no es solo un testimonio de su tiempo, sino un viaje íntimo a través de las guerras, revoluciones y dilemas éticos que marcaron una era.
Con casi 2 mil páginas, este libro se convierte en una confesión personal y colectiva. Ehrenburg relata desde su encuentro con Lenin hasta las sombras de Auschwitz e Hiroshima, dejando entre líneas reflexiones que nos obligan a cuestionar nuestra propia historia y humanidad.
Un siglo confuso: barbarie y progreso
En sus memorias, Ehrenburg narra cómo fue educado con ideales decimonónicos que dividían el mundo entre progreso y barbarie. Sin embargo, la brutalidad del siglo XX lo hizo repensar esas categorías.
“¿Habría podido imaginarme que el futuro nos deparaba Auschwitz e Hiroshima? […] El siglo XX ha confundido muchas cosas”.
La fuerza de esta reflexión es desgarradora: un siglo que prometía avances tecnológicos y culturales se convirtió en un escenario de genocidios, bombas nucleares y guerras sin precedentes.
Encuentro con Lenin: un momento para la historia
Ehrenburg narra con solemnidad su primer encuentro con Lenin en 1908, en París. Por aquel entonces, el joven escritor buscaba formación y se topó con un Vladimir Ilich que, lejos de la figura solemne que luego sería, dirigía un pequeño grupo de emigrados.
El autor describe al líder revolucionario con agudeza:
“Lo que más llamaba la atención de su apariencia era su cráneo, que no te hacía pensar en anatomía, sino en arquitectura”.
El intercambio de ideas entre ambos dejó una huella duradera en Ehrenburg, quien nunca olvidó la paciencia y didactismo con los que Lenin respondía incluso a las objeciones más impertinentes.
El desafío de Stalin y las contradicciones del régimen
Aunque fue identificado como cercano al régimen soviético, Ehrenburg no dudó en expresar sus reticencias. En sus memorias, recuerda un encuentro con Stalin en los años 30, describiéndolo como un hombre imponente pero rodeado de una atmósfera casi chamánica:
“Parecíamos los adoradores de un chamán… Interrumpí enseguida el hilo de mis pensamientos: sí, estaba razonando como un intelectual”.
Esta reflexión muestra la tensión interna de Ehrenburg: la lealtad a un régimen que se enfrentaba a los dilemas de su tiempo y el cuestionamiento de las prácticas que consideraba contrarias a los ideales del comunismo.
Ironía, memoria y la voz del escritor
Uno de los mayores aportes de Ehrenburg en Gente, años, vida es su habilidad para observar los eventos con ironía y una perspectiva crítica. Consciente de las manipulaciones históricas, el autor reflexiona sobre cómo la voz de un escritor puede ser amplificada o asfixiada según las circunstancias.
“La verdad, en ocasiones, se escribe en márgenes tan estrechos que es casi un susurro”.
Sus memorias no solo son un registro de hechos históricos, sino también una guía para entender el poder de la narrativa en tiempos de crisis.
Por qué leer Gente, años, vida hoy
En una época marcada por la desinformación y las narrativas polarizadas, Ehrenburg ofrece un recordatorio vital: la importancia de cuestionar, reflexionar y aprender de los errores históricos.
Su obra es más que una crónica; es un testimonio vivo de las contradicciones humanas, de cómo el progreso y la barbarie pueden coexistir en un mismo momento histórico.
Iliá Ehrenburg nos invita a mirar el pasado con ojos críticos y esperanzados. Gente, años, vida no es solo la historia de un hombre, sino un espejo en el que el siglo XX se refleja con todas sus luces y sombras.
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