La mayoría de las personas asocia el estrés con agotamiento, enfermedades o ansiedad, pero ¿y si te dijeran que no todo el estrés es malo? Para entenderlo mejor, imaginemos la historia de Ana, una joven madre y profesional que enfrenta todos los días el caos de equilibrar trabajo, crianza y su bienestar personal.
Ana solía decir “estoy estresada” con tanta frecuencia que esa frase se volvió parte de su identidad. Pero un día, tras una fuerte migraña que la llevó a urgencias, su médico le preguntó: “¿Alguna vez has pensado que tu estrés podría ayudarte en vez de destruirte?”.
El estrés como motor: cuando es útil y saludable
Ese fue su punto de quiebre. Ana descubrió que existe el eustrés, una forma de estrés positivo que impulsa la acción, mejora el rendimiento y potencia la resiliencia. No se trata de eliminar todo el estrés, sino de aprender a gestionarlo y usarlo estratégicamente.
La doctora Sharon Bergquist lo llama “el principio de Ricitos de Oro del estrés”: ni demasiado, ni nada. Justo el nivel que te mantiene alerta, motivado y creativo.
¿Qué diferencia al eustrés del distrés?
El eustrés es temporal, manejable y se percibe como un desafío motivador. Por el contrario, el distrés es abrumador, prolongado, y puede desencadenar enfermedades físicas y mentales. La clave está en cómo percibes una situación: si crees que puedes afrontarla, el cerebro responde con activación positiva. Si la sientes como una amenaza, genera malestar.
Señales de que tu estrés dejó de ser funcional
Según expertos como la doctora Calabrese y la licenciada Germani, estas son algunas señales de alerta:
- Dolor de cabeza, insomnio o fatiga constante
- Cambios de humor sin causa aparente
- Dificultad para concentrarse
- Pensamientos negativos y ansiedad
- Aislamiento social o irritabilidad
Si estas señales persisten, el estrés ya no es funcional. Necesitas intervenir.
7 recomendaciones para transformar el estrés en tu aliado
- Respira y medita: La respiración consciente activa el sistema nervioso parasimpático y reduce la respuesta al estrés.
- Haz ejercicio diario: Mover el cuerpo, incluso con una caminata, libera endorfinas y equilibra el sistema nervioso.
- Duerme mejor: Dormir entre 7 y 9 horas ayuda a la recuperación emocional y física.
- Cuida tu alimentación: Incluye alimentos con magnesio, omega-3 y triptófano para estabilizar tu estado de ánimo.
- Conéctate con los demás: Hablar con personas de confianza fortalece tu red de apoyo y tu resiliencia.
- Gestiona tu tiempo: Aprender a decir “no” te ayuda a evitar la sobrecarga emocional.
- Busca terapia profesional: La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a identificar y cambiar pensamientos estresantes.
Entrena tu resiliencia desde lo cotidiano
Ana no dejó de tener días complicados, pero aprendió a reconocer las señales tempranas de distrés y a practicar pequeños hábitos que regulaban su sistema. El estrés no desapareció, pero dejó de dominarla. Hoy lo usa como señal, no como sentencia.
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