El origen del hallazgo que sorprendió a la comunidad científica
Arqueólogos comenzaron la temporada de excavaciones en Chankillo con expectativas moderadas, confiando en ampliar el conocimiento ya revelado por el famoso observatorio solar y su sistema de Trece Torres.
Pero conforme avanzaron hacia sectores poco estudiados del complejo, cada capa de tierra removida fue transformándose en una ventana hacia un pasado aún más profundo. Arqueólogos no tardaron en notar que los muros, orientaciones y materiales no coincidían con los patrones conocidos del sitio.
La sorpresa creció cuando encontraron estructuras alineadas con fenómenos celestes que precedían por mil años al observatorio solar del 250 a.C. Arqueólogos comprendieron entonces que no estaban frente a simples restos habitacionales, sino frente a un sistema astronómico más antiguo, elaborado con técnicas constructivas distintas que combinaban piedra, barro y adobes.
Arqueólogos consideraron que aquel descubrimiento podía alterar la narrativa completa del desarrollo astronómico prehispánico. El hallazgo no solo señalaba continuidad cultural, sino una sofisticación técnica que sugería generaciones enteras dedicadas a la observación del cielo andino.
Arqueólogos avanzaron en los pasadizos recién identificados, anotando cada patrón de alineación y cotejando su relación con el movimiento de la Luna. Aquella sospecha inicial se transformó en certeza: Chankillo no había sido únicamente un observatorio solar, sino también un centro de observación lunar.
Un corredor alineado con el cielo y con siglos de historia por contar
La estructura que más cautivó a los especialistas fue un corredor que avanzaba hacia el oeste y que, según las mediciones, se orientaba directamente hacia el llamado templo fortificado. Arqueólogos quedaron impactados al ver que aquella construcción de más de 300 metros seguía patrones lunares, algo que no se había registrado previamente en el complejo. A cada paso, la evidencia se volvía más contundente.
Las texturas de los muros y el uso de materiales mixtos reforzaban la idea de que pertenecía a un periodo cultural distinto al del observatorio solar. Arqueólogos sospecharon que el corredor habría sido utilizado para rituales nocturnos o ceremonias vinculadas al calendario lunar.
El hallazgo reabrió un debate académico que llevaba décadas: la verdadera antigüedad de la tradición astronómica en los Andes. El descubrimiento colocaba a Chankillo en una posición inédita, no solo como el observatorio solar más antiguo de América, sino como un centro que habría ido acumulando conocimiento astronómico desde épocas mucho más remotas. Arqueólogos señalaron que estas orientaciones lunares podrían cambiar la interpretación de los rituales agrícolas y ceremoniales en la región.
La vasija de Patazca que reveló la intensidad ritual del sitio
Durante las excavaciones, una de las piezas más imponentes apareció en la zona de acceso al observatorio. Arqueólogos descubrieron una vasija ceremonial de más de un metro de altura, rota intencionalmente como parte de un ritual de clausura. La pieza pertenecía al estilo Patazca, una cultura florecida entre el 600 a.C. y el 200 d.C., caracterizada por su iconografía guerrera.
La base globular de la vasija mostraba motivos escalonados que reflejaban las formas arquitectónicas del sitio. Lo más llamativo fue el hallazgo de figuras de guerreros modelados en arcilla, representados en posición de combate. Arqueólogos observaron que las figurinas aparecían en pares, sugiriendo duelos rituales como parte de ceremonias de cierre o conmemoración.
Arqueólogos consideraron este hallazgo como un puente cultural inesperado entre el Chankillo solar, el más estudiado, y tradiciones más antiguas que habrían dado origen a su desarrollo. La presencia de objetos rituales tan elaborados reforzó la idea de que el complejo no servía únicamente para la observación celeste, sino que integraba prácticas religiosas, marcando fechas importantes del ciclo social y agrícola.
Una tradición astronómica mucho más antigua de lo imaginado
La confirmación de que las nuevas estructuras tenían funciones astronómicas más antiguas que el observatorio transformó la percepción histórica del sitio. Arqueólogos interpretaron que la población que vivió mil años antes ya contaba con conocimientos altamente especializados en orientación y observación.
Este legado pudo haber sido transmitido de generación en generación, hasta cristalizar en la monumental obra de las Trece Torres. Arqueólogos consideraron que estos antecedentes podían reescribir la comprensión de cómo las sociedades andinas articulaban su vida política, religiosa y agrícola en torno al cielo.
La creciente importancia que atribuían al Sol y a la Luna sugería que cada movimiento celeste era una forma de ordenar el tiempo y estructurar el poder. Arqueólogos sintieron que el hallazgo también brindaba nuevas oportunidades de investigación en otros sitios arqueológicos de la región, pues podía significar que estructuras similares habían pasado desapercibidas durante décadas.
El futuro del complejo y su potencial turístico
Con el descubrimiento de estas nuevas estructuras, las autoridades culturales peruana comenzaron a ver en Chankillo un potencial turístico aún más grande del que ya poseía. Arqueólogos estimaron que las exploraciones podrían extenderse durante cinco o seis años más, dado que el complejo tiene áreas enteras sin investigar. De manera paralela, un primer sector turístico podría abrirse al público en los próximos dos o tres años, una noticia celebrada por las comunidades locales.
Arqueólogos destacaron que el turismo bien gestionado podría financiar investigaciones futuras y fortalecer la conservación de este patrimonio único. El nuevo relato de Chankillo como centro solar y lunar promete atraer a viajeros interesados en la historia, la ciencia y la espiritualidad andina. Arqueólogos creen que, cuando el sitio se abra completamente y sus nuevas interpretaciones sean difundidas, se convertirá en uno de los espacios arqueoastronómicos más importantes del mundo.


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