Los Piña no son una célula criminal cualquiera. Aunque por años operaron bajo el radar, su irrupción en la escena pública tras la detención de su líder dejó al descubierto la magnitud de un grupo con estructura, logística y poder económico propios. Vinculados al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), su bastión se encontraba en el estado de Veracruz, desde donde expandieron actividades como el huachicol, la extorsión y el secuestro.
Su historia comenzó a visibilizarse a partir de junio de 2022, cuando fue detenido Norberto “N”, alias “Beto Piña”, señalado como el cabecilla de la organización. Esta captura permitió a las autoridades conocer más sobre el brazo regional del CJNG, cuyos tentáculos se extendían por diversas zonas del sur y centro del estado.
El rancho Monte Rico: centro de operaciones y símbolo de poder
Uno de los hallazgos más impactantes en la investigación fue el rancho Monte Rico, una propiedad rural con características fuera de lo común para una célula criminal. No solo funcionaba como centro de mando y refugio, sino que también contaba con un zoológico privado, lo que reflejaba el nivel de impunidad y recursos financieros con los que contaban sus líderes.
Situado a escasos cinco kilómetros de Tesechoacán, el rancho tenía una ubicación privilegiada entre el puerto de Veracruz y Coatzacoalcos, una ruta clave para el robo y transporte de hidrocarburos. El predio contaba además con bodegas, talleres, gimnasios y viviendas familiares, lo que evidenciaba una infraestructura criminal consolidada.
Madres buscadoras que documentaron casos de desaparición en la región denunciaron la presencia de animales exóticos como leones, cerdos vietnamitas y cocodrilos, lo que generó temores sobre la suerte de personas no localizadas. Las condiciones del lugar eran descritas como “aterradoras”, en un entorno dominado por el silencio impuesto por el miedo.
El ascenso de los Rodríguez tras la caída de “El Brujo”
El grupo tomó fuerza tras el debilitamiento de otro criminal local, apodado “El Brujo de Playa”. Los hermanos Alberto y Jacinto Rodríguez, identificados como líderes de Los Piña, comenzaron en el negocio del huachicol, robando combustibles de ductos de Pemex conectados a la refinería de Lázaro Cárdenas en Minatitlán.
Desde entonces, el grupo fue vinculado con múltiples enfrentamientos armados, hallazgos de fosas clandestinas y decomisos de propiedades. Su influencia se hizo notoria en municipios como Playa Vicente, Isla, Otatitlán, Loma Bonita y en la cuenca del Papaloapan, donde impusieron su ley y rivalizaron con otras organizaciones delictivas como La Mafia Veracruzana.
Golpes operativos sin desmantelamiento completo
Pese a los importantes golpes asestados por las autoridades, Los Piña no han sido erradicados. A mediados de agosto de 2022, apenas dos meses después de la captura de “Beto Piña”, fue detenida Ana Lilia “N”, alias “La Contadora”, también conocida como “La Jefa” o “24”. Considerada una de las principales operadoras del grupo, se encargaba del manejo financiero y logístico de sus actividades.
Junto a ella fue aprehendido Fernando Alfonso “N”, alias “Pacheco”, su lugarteniente. Ambos operaban en la región fronteriza entre Veracruz y Oaxaca, una zona clave para el control del tráfico de drogas, extorsión a transportistas y robo de hidrocarburos.
Sin embargo, expertos en seguridad como el periodista Óscar Balderas advierten que, a pesar de estas capturas, el grupo sigue activo, especialmente en el norte de Veracruz, donde continúan las extorsiones a choferes y comerciantes, afectando gravemente la economía y la seguridad de la población local.
El poder silencioso de una célula poco mediática
A diferencia de otros grupos criminales que buscan notoriedad, Los Piña se caracterizan por su bajo perfil mediático, pero su forma de operar muestra una clara evolución hacia estructuras criminales complejas, con mando jerárquico, control territorial y recursos logísticos avanzados.
El descubrimiento del zoológico privado, sumado a las evidencias de organización interna, entrenamiento físico y recursos económicos, coloca a esta célula entre los grupos delictivos más peligrosos del sur del país, pese a no figurar con frecuencia en titulares nacionales.
Los Piña representan un caso paradigmático de cómo el crimen organizado puede operar desde las sombras, con infraestructura propia, conexiones regionales y poder económico suficiente para desafiar al Estado. Su historia, marcada por zoológicos privados, propiedades estratégicas y una estructura bien definida, refleja los nuevos retos en materia de seguridad en México. Aunque sus principales líderes han sido detenidos, su actividad delictiva persiste, dejando claro que el combate contra estas organizaciones requiere mucho más que arrestos: exige una estrategia integral y sostenida.


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