Michoacán vuelve a ser el epicentro de la lucha contra el crimen organizado. Tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el Operativo Paricutín se convirtió en una respuesta contundente del gobierno federal para frenar la violencia que asfixia al corazón aguacatero de México.
El plan, parte de la estrategia Michoacán por la Paz y la Justicia, arrancó con el despliegue de fuerzas militares y de la Guardia Nacional en las zonas más golpeadas por el narcotráfico, donde seis cárteles han extendido sus redes criminales.
Seis cárteles, un mismo objetivo: el control de Michoacán
De acuerdo con la Fiscalía General de la República y la Secretaría de la Defensa Nacional, el territorio de Uruapan es disputado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Los Caballeros Templarios, Los Viagras, Los Blancos de Troya, el Cártel de Los Reyes y Pueblos Unidos.
Cada grupo mantiene células que se reparten el control de las rutas y el cobro de extorsiones a productores de aguacate, empresarios y comerciantes locales, en un negocio que deja millones al crimen organizado.
Las autoridades han identificado que el CJNG opera tres células en la región: una domina el sur (Uruapan, Tancítaro y San Juan Nuevo), otra controla el norte (Paracho, Charapan y Nahuatzen), mientras una tercera se expande hacia Tierra Caliente.
El mapa del crimen: territorios divididos y economías secuestradas
En el corazón purépecha, el miedo se siente en el aire. Los Caballeros Templarios y Los Viagras aún ejercen control en comunidades como Cherán, Taretan y Tingambato, mientras Los Blancos de Troya mantienen presencia en rutas estratégicas para el traslado de drogas y armas.
El Cártel de Los Reyes, con su bastión a 65 kilómetros de Uruapan, utiliza la zona como corredor logístico. Por su parte, Pueblos Unidos, antes brazo armado de los Templarios, intenta reconfigurar su influencia en municipios como Pátzcuaro y Ario de Rosales.
La respuesta del Estado: entre la esperanza y la desconfianza
El Operativo Paricutín busca restaurar el orden y romper los vínculos entre los cárteles y las economías locales. Sin embargo, los pobladores miran con cautela. “Ya han venido muchos operativos y siempre vuelven los mismos”, lamenta un agricultor de San Juan Nuevo.
El gobierno asegura que esta vez la estrategia será integral, con presencia permanente de las fuerzas federales, inversión en infraestructura y programas sociales para los jóvenes. El reto no solo es desmantelar estructuras criminales, sino recuperar la confianza de los michoacanos.
Una guerra silenciosa en el corazón aguacatero
Michoacán es el principal productor de aguacate del mundo, pero la violencia amenaza su motor económico. Cada hectárea sembrada representa no solo una fuente de ingresos, sino un terreno en disputa. El Operativo Paricutín no solo es militar: es una batalla por el alma del estado.
Si logra su cometido, podría marcar un punto de inflexión en la historia reciente del país. Si falla, el eco de las armas seguirá resonando en los cerros purépechas.


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