Trump no nos va a poder robar nuestro futuro. Esa consigna resume el sentir de buena parte del pueblo cubano frente a la asfixia petrolera decretada por la administración de Donald Trump, una política de máxima presión que impacta cada rincón de la isla. La escasez de combustible ha trastocado la vida cotidiana, afectando alimentación, salud, generación eléctrica, transporte y actividades productivas, pero también ha puesto en evidencia una profunda capacidad de resistencia colectiva.

Desde La Habana hasta las regiones más alejadas, las consecuencias se sienten con fuerza. Las guaguas dejaron de circular en varios momentos por falta de diésel, obligando a miles de personas a caminar largas distancias, usar motocicletas o recurrir a pequeños vehículos eléctricos. Aun así, predomina una calma terca, una paciencia heredada de décadas de dificultades.
Trump y Cuba: Vida diaria bajo la escasez de combustible
Las estaciones de servicio muestran largas filas de automóviles esperando gasolina. Sin embargo, no hay escenas de desesperación. Los conductores conversan entre sí mientras aguardan su turno. Viajar a otras ciudades se ha vuelto complicado, y muchas actividades que requieren transportación han sido suspendidas o reprogramadas.
En centros de trabajo y universidades se discute qué tareas pueden realizarse a distancia. La Universidad de La Habana extendió la modalidad semipresencial a todas las carreras, evaluando qué actividades requieren presencia física. La contingencia energética recuerda, para muchos, las medidas adoptadas durante la pandemia de covid-19.
Apagones y adaptación doméstica
El desabastecimiento de petróleo también golpea la generación eléctrica. Aunque el gobierno ha trabajado en la recuperación del sistema de transmisión, la falta de combustible limita la producción de energía. Se priorizan sectores económicos estratégicos, como el riego agrícola y ciertas entidades productivas, lo que deja a los hogares expuestos a apagones diarios.
En algunos barrios hay electricidad apenas unas horas al día. Las familias se organizan para cocinar cuando pueden, y no faltan quienes recurren al carbón o la leña. Muchos habaneros ya cargan pequeñas linternas como parte de su rutina. La adaptación se ha convertido en una forma de resistencia silenciosa.
Una historia marcada por el asedio
Este estrangulamiento no es nuevo. Desde 1959, Cuba ha enfrentado bloqueos, presiones diplomáticas y episodios de agresión directa en la región. La invasión estadounidense a Granada en 1983, el derrocamiento de Manuel Noriega en Panamá en 1989 y el colapso de la Unión Soviética marcaron momentos críticos que pusieron a prueba la supervivencia del proyecto cubano.
Tras la caída del campo socialista, la isla entró en un periodo especial de enormes sacrificios. Muchos auguraron el fin del experimento socialista caribeño. No ocurrió. Cuba resistió, reorganizó su economía y siguió adelante, apoyándose en una fuerte cohesión social.

Numancia como símbolo de resistencia
Fidel Castro evocó en 1990 el ejemplo de Numancia, la ciudad celtíbera que prefirió destruirse antes que rendirse al Imperio romano. “Preferimos Sagunto y Numancia a ser esclavos”, afirmó entonces, dejando claro que la estrategia cubana sería la resistencia, aun frente a enormes costos.
Hoy, esa metáfora vuelve a cobrar fuerza. Para muchos cubanos, la asfixia petrolera actual es una nueva versión del asedio histórico, y la respuesta sigue siendo la misma: aguantar, adaptarse y no ceder.
Juventud, memoria y conciencia antimperialista
Amalia Díaz, estudiante de Filosofía de 20 años, expresa ese espíritu al recordar a los 32 cubanos que murieron en Venezuela defendiendo al presidente Nicolás Maduro. Para ella, ese sacrificio fortaleció la conciencia nacional y antimperialista. “Trump no nos va a poder robar nuestro futuro”, afirma, convencida de que la resistencia es colectiva.

El escritor Omar González coincide en la comparación con Numancia, aunque subraya una diferencia esencial: Cuba no se rendirá ni se destruirá. “Nosotros vamos a ganar”, sostiene.
Entre apagones, filas y transporte limitado, el pueblo cubano sigue avanzando. La asfixia petrolera golpea fuerte, pero también revela una determinación profunda. En medio de la adversidad, Cuba vuelve a demostrar que su historia está hecha de resistencia.


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