La extorsión es el tercer crimen más común en México, pero el 96% de las víctimas no denuncia. Investigamos cómo el «cobro de piso» y nuevos grupos como el «Cártel del H» en Iztapalapa han creado una epidemia de miedo en la CDMX.
Se ha convertido en una epidemia silenciosa que asfixia a miles de negocios en la Ciudad de México. Desde el tradicional «cobro de piso» hasta la aparición de nuevos grupos como el «Cártel del H», la extorsión se ha normalizado a tal punto que opera como un sistema de impuestos paralelo basado en el terror.
Es un impuesto no oficial que se paga con miedo. Un cáncer que se extiende por los barrios y zonas comerciales de la Ciudad de México, afectando desde el puesto de tacos más humilde hasta negocios establecidos. La extorsión se ha convertido en una epidemia silenciosa y normalizada, un crimen que, a pesar de su omnipresencia, rara vez aparece en las estadísticas oficiales debido al terror que infunde en sus víctimas.
Un Crimen Normalizado: Las Cifras que No Cuentan la Historia
Las estadísticas oficiales apenas arañan la superficie de este problema. Según el INEGI, la extorsión es el tercer delito más frecuente que experimenta la población en México, con casi siete millones de víctimas al año. Sin embargo, la cifra más aterradora es otra: el 96.7% de las víctimas no denuncia el crimen, principalmente por miedo a represalias. Esto resulta en una tasa de impunidad que supera el 90%, creando un círculo vicioso donde los criminales operan con casi total libertad.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX cuenta con una unidad antiextorsión que el año pasado manejó 2,288 casos, pero esta cifra es solo la punta del iceberg de un problema mucho mayor.
Los Rostros y Métodos de la Extorsión
La extorsión en la capital adopta múltiples formas, adaptándose a la víctima y al entorno:
* El «Cobro de Piso»: Es la forma más tradicional. Criminales exigen un pago regular (diario, semanal o mensual) a comerciantes y vendedores ambulantes por el «derecho» a operar en un territorio específico. Es tan común que a menudo ni siquiera se le llama extorsión, sino «pago de apoyo» o «cuota».
* Extorsión Telefónica con Inteligencia Previa: Los delincuentes ya no llaman al azar. Como en el caso de «Tacos Ruben’s», un negocio familiar que apareció en una serie de Netflix, los extorsionadores demostraron saber cuántos familiares trabajaban allí y que aceptaban tarjetas de crédito, exigiendo 20,000 pesos a través de retiros sin tarjeta.
* Falsos Inspectores Municipales: Grupos de criminales se hacen pasar por empleados de las alcaldías. Llegan a negocios en remodelación o a locales establecidos, inventan supuestas infracciones y amenazan con multas exorbitantes (por ejemplo, 25,000 pesos), para luego ofrecer «solucionar» el problema con un pago mucho menor en efectivo.
El Surgimiento del «Cártel del H»: Nueva Amenaza en Iztapalapa
El panorama de la extorsión es dinámico y violento. Recientemente, ha surgido en la alcaldía de Iztapalapa un nuevo grupo criminal que se autodenomina el «Cártel del H». Esta organización ha aterrorizado a dueños de negocios y vendedores de mercados con demandas de pagos exorbitantes, que llegan hasta los 150,000 pesos.
«Hemos recibido reportes de este tipo de extorsión… y de la aparición de un nuevo cártel del que no habíamos oído hablar aquí en Iztapalapa.» – Olivia Garza, concejal de Iztapalapa.
La brutalidad de este nuevo grupo es extrema: en un caso reportado, después de que un dueño de negocio no pudo realizar el séptimo pago de una «cuota» acordada, su local fue incendiado hasta los cimientos. Este cártel opera junto a al menos otras 14 organizaciones criminales identificadas en la capital, cada una con su propio territorio y métodos.
La extorsión ha evolucionado en la Ciudad de México. Ya no es solo un acto de intimidación para obtener dinero rápido. Se ha transformado en un sistema de impuestos paralelo y predatorio. Los eufemismos como «cobro de piso», «apoyo a líderes» o «incentivos a autoridades» revelan una estructura organizada de extracción de riqueza. Es una economía ilícita que imita al Estado, cobrando «impuestos» y aplicando «sanciones» (violencia) a quienes no cumplen, socavando la autoridad legítima y la seguridad económica en el nivel más fundamental del comercio diario.


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