La colonia San Martín, en Monterrey, vivió una noche de terror. Un incendio que comenzó en un terreno baldío se extendió con una velocidad devastadora, consumiendo al menos 20 tejabanes y dejando a decenas de familias, incluyendo niños y adultos mayores, literalmente en la calle y con solo lo que llevaban puesto.
Las llamas convirtieron en cenizas los esfuerzos y el patrimonio de toda una vida. El siniestro, que según los primeros reportes se originó en la maleza seca de un predio aledaño a una escuela, encontró en las precarias viviendas de la zona el combustible perfecto para su furia destructiva. En cuestión de minutos, el fuego se propagó de un hogar a otro, sin dar tiempo a los residentes de rescatar sus pertenencias.
El Rostro de la Vulnerabilidad
Es fundamental entender lo que significa la pérdida de un «tejabán». No se trata solo de casas; son hogares autoconstruidos con esfuerzo en asentamientos a menudo informales. La destrucción de estas viviendas golpea a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad regiomontana: familias de bajos ingresos, con escasos recursos y, en la mayoría de los casos, sin ningún tipo de seguro que pueda mitigar la catástrofe.
Lo que el fuego consumió no fueron solo techos de lámina y paredes de madera; fueron los muebles, la ropa, los documentos y los recuerdos de familias que ahora enfrentan un futuro incierto.
El Llamado a la Solidaridad Regiomontana
Inmediatamente después de la tragedia, y mientras los equipos de Protección Civil y Bomberos concluían las labores de enfriamiento, surgió un clamor desde la comunidad: «piden apoyo». La necesidad es urgente y abarca desde lo más básico hasta lo indispensable para reconstruir una vida:
- Alimentos no perecederos y agua embotellada.
- Ropa, calzado y cobijas para todas las edades.
- Artículos de higiene personal.
- Pañales y leche en fórmula para los bebés.
Este evento, aunque trágico, pone de manifiesto un problema recurrente de gestión de riesgos urbanos. La proximidad de asentamientos informales a terrenos con maleza seca y de alto riesgo es una bomba de tiempo, especialmente en temporadas de calor. La tragedia en la colonia San Martín es un doloroso recordatorio de la necesidad de políticas públicas que atiendan la vulnerabilidad de estas comunidades.
Por ahora, la prioridad es la respuesta humanitaria. La tragedia ha revelado la fragilidad de una comunidad, pero también ha abierto una ventana para que la reconocida solidaridad de la gente de Monterrey se manifieste.


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