El horror tiene un nuevo epicentro en México. En el panteón municipal de Jojutla, Morelos, colectivos de búsqueda y autoridades han exhumado más de 60 cuerpos de una fosa clandestina, con el devastador hallazgo de que al menos 10 de ellos corresponden a bebés.
Una diligencia de búsqueda de personas desaparecidas se ha transformado en el escenario de uno de los hallazgos más desgarradores de la historia reciente de México. En el Panteón Pedro Amaro, una comunidad en el municipio de Jojutla, los trabajos de exhumación en una fosa irregular han destapado una masacre silenciosa: la recuperación de más de 60 cuerpos, entre los cuales se encuentran los restos de al menos 10 bebés.
El descubrimiento, realizado durante la cuarta jornada de trabajos en el sitio, ha sacudido a la nación y ha puesto de nuevo en el centro del debate la crisis de desapariciones y la presunta negligencia, o incluso complicidad, de las autoridades en la gestión de fosas comunes.
El Descubrimiento: Una Lucha Incansable
La exhumación es el resultado de la lucha incansable de colectivos de víctimas, principalmente madres buscadoras, que durante años han exigido a las autoridades investigar los panteones municipales como posibles sitios de inhumaciones clandestinas. Colectivos como «Desaparecidos Tetelcingo y Jojutla» y «Víctimas y Ofendidos» han estado presentes en cada paso de la diligencia, observando con una mezcla de esperanza y pavor.
Los trabajos, que comenzaron hace varias semanas, se han desarrollado en un ambiente de tensión y dolor. «Desde las fosas de Jojutla: Una madre no mide el riesgo, lo da todo por sus hijos», titulaba un medio local, resumiendo el espíritu de las mujeres que, bajo la lluvia y la inseguridad, no cejan en su empeño por encontrar a sus seres queridos.
El hallazgo de los cuerpos de los menores ha sido un golpe particularmente brutal. «Con información compartida por familiares de personas desaparecidas que participan como observadoras en el proceso, se determinaron la exhumación de al menos 4 menores entre los 20 cuerpos hallados hasta el momento», reportaba un medio el 18 de junio, una cifra que trágicamente se ha elevado a 10 en los últimos días.
La Sombra de la Complicidad Estatal
Lo que agrava la tragedia es el contexto en el que se encuentra la fosa. No se trata de un paraje desolado controlado por el crimen organizado, sino de un panteón municipal, un espacio bajo responsabilidad del Estado. Investigaciones periodísticas y testimonios de activistas han revelado que este sitio tiene un historial oscuro.
«La última inhumación de cuerpos por parte de la Procuraduría fue en julio de 2014. La perredista Hortensia Figueroa Peralta gobernó Jojutla en ese tiempo y su cabildo autorizó la colocación de los cuerpos. En 2015, ese mismo ayuntamiento autorizó la inhumación de dos personas sobre la fosa.» – Jaime Luis Brito, periodista, en un reporte de 2022 sobre las fosas de Jojutla.
Esta historia sugiere que la fosa no fue un secreto. Las autoridades locales de la época no solo tenían conocimiento, sino que participaron activamente en su uso irregular, creando un mecanismo para ocultar los entierros. Esta situación apunta a una grave negligencia o, en el peor de los casos, a una complicidad directa del Estado en la creación de una fosa masiva.
Un Proceso Suspendido y Lleno de Obstáculos
Para añadir más dolor a la herida, los trabajos de exhumación fueron suspendidos temporalmente debido a las intensas lluvias provocadas por el huracán Erick, que azotó la región. La suspensión, aunque necesaria por seguridad, dejó a las familias en un estado de angustia, con la certeza de que aún quedan más restos por recuperar.
Los colectivos también han denunciado la falta de transparencia y apoyo por parte de las autoridades actuales. Amalia Hernández, del Colectivo Tetelcingo-Jojutla, ha criticado a la Fiscalía de Morelos y a la comisionada de Atención a Víctimas por, según ella, no proporcionar información adecuada y no estar presentes en las diligencias.
Mientras la tierra de Jojutla sigue revelando sus horrores, las familias de los desaparecidos de México se enfrentan a una doble tragedia: el dolor de la pérdida y la lucha contra un sistema que, una y otra vez, parece fallarles en su búsqueda de verdad y justicia.


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