Las fosas comunes se han convertido en uno de los símbolos más dolorosos de la crisis de desapariciones en México. Con más de 132 mil personas desaparecidas, según el registro nacional, colectivos de familiares han elevado su exigencia: abrir panteones oficiales en distintos estados para revisar enterramientos realizados sin protocolos claros, sin identificación plena y, en muchos casos, sin información confiable.
Esta demanda no surge de la sospecha aislada, sino de años de documentación de fallas forenses, omisiones administrativas y procesos que dejaron a cientos de cuerpos en el anonimato, mientras miles de familias siguen buscando respuestas.
El panteón de Dolores: cuando la verdad está bajo tierra
En la Ciudad de México, el panteón de Dolores se ha convertido en un punto clave de esta lucha. Desde noviembre pasado, colectivos como Una Luz en el Camino, acompañados por especialistas de la Fiscalía capitalina, iniciaron trabajos en una fosa común correspondiente al periodo 2013-2017.
La fosa, compuesta por 15 niveles, ya ha arrojado resultados contundentes:
- 25 cuerpos recuperados
- Más de 4 mil fragmentos óseos humanos localizados
- Cinco personas identificadas, en espera de ser restituidas a sus familias
Estos hallazgos confirman lo que las familias han sostenido durante años: la información oficial sobre las fosas comunes era incompleta y, en muchos casos, incorrecta.
A mitad de los trabajos, aún se desconoce si los restos encontrados pertenecen a hasta 160 personas que podrían estar enterradas en ese mismo espacio.
Fosas comunes y memoria histórica: la herida de la guerra sucia
El debate sobre las fosas comunes no se limita al presente. En 2023, la Comisión para la Verdad sobre la guerra sucia documentó evidencia de que cuerpos de detenidos y desaparecidos entre 1960 y 1990 fueron enterrados en el panteón de Dolores.
Entre las posibles víctimas se encontrarían integrantes de la Liga 23 de Septiembre, lo que conecta la crisis actual con décadas de impunidad y silencio institucional.
La apertura de estas fosas no solo busca identificar restos, sino reconstruir la verdad histórica que durante años fue negada.
Jojutla, Morelos: exhumaciones que revelan irregularidades
En el panteón Pedro Amaro, en Jojutla, las exhumaciones han sido intermitentes pero reveladoras. Desde 2017, la fiscalía estatal ha realizado cuatro intervenciones, tras denuncias de entierros sin protocolo y posibles signos de violencia en los cuerpos.
Los resultados hasta ahora incluyen:
- Más de 200 hallazgos de restos humanos
- Más de 80 cuerpos localizados
Para los colectivos, estas cifras refuerzan la urgencia de continuar. La quinta fase de exhumaciones está programada para iniciar el 16 de marzo, con la expectativa de esclarecer aún más casos pendientes.
Guerrero: panteones legales, prácticas ilegales
En Guerrero, la exigencia apunta a fosas comunes en Chilpancingo e Iguala. Colectivos como Madres Igualtecas en Busca de sus Desaparecidos denuncian que cementerios oficiales fueron utilizados por grupos criminales para sepultar víctimas.
La gravedad del señalamiento radica en que no se trata de fosas clandestinas, sino de espacios administrados por autoridades, lo que profundiza la desconfianza hacia las instituciones encargadas de resguardar y registrar los cuerpos.
Por qué abrir fosas comunes es clave para la justicia
La apertura de fosas comunes no es solo una acción forense. Es una herramienta fundamental para:
- Identificar personas desaparecidas
- Corregir registros oficiales erróneos
- Restituir restos a las familias
- Reconocer responsabilidades del Estado
Cada cuerpo recuperado representa una historia interrumpida y una familia que lleva años esperando respuestas.
Fosas comunes: una exigencia que no puede esperar más
Mientras miles de personas siguen desaparecidas, las fosas comunes se mantienen como uno de los puntos más sensibles de la crisis humanitaria en México. La presión de los colectivos ha logrado avances, pero el camino sigue siendo largo.
Abrir estos espacios es enfrentar una verdad incómoda, pero necesaria. Porque sin verdad, no hay justicia. Y sin justicia, la herida de las desapariciones seguirá abierta.
