En un contundente operativo denominado «Muralla», elementos de Fuerza Civil de Nuevo León lograron la desarticulación de una célula delictiva en el municipio de Linares, resultando en la detención de 16 personas señaladas como generadores de violencia en la región. El dato más alarmante del operativo es que cinco de los detenidos son menores de edad.
La operación, llevada a cabo por la policía estatal, culminó con la captura de este grupo, al que se le imputa la participación en diversos delitos de alto impacto que han afectado la zona citrícola del estado. Durante la intervención, las autoridades aseguraron un arsenal que incluía cuatro armas largas, un arma corta y múltiples cargadores y cartuchos hábiles, evidencia del poder de fuego del grupo.
El gobierno estatal ha enmarcado este éxito como una victoria de su estrategia de seguridad, proyectando una imagen de fuerza y control en los municipios fuera del área metropolitana.
La Tragedia Detrás de la Captura: El Reclutamiento de Menores
Más allá del éxito operativo, el arresto de cinco menores de edad junto a criminales adultos expone una de las realidades más trágicas y complejas de la crisis de seguridad en México: el reclutamiento forzado o voluntario de jóvenes por parte del crimen organizado.
Que casi un tercio de una célula delictiva esté compuesto por adolescentes no es solo una estadística criminal; es un indicador de una profunda fractura social. Revela el fracaso de las redes de apoyo comunitario, educativo y familiar, y la capacidad depredadora de los grupos criminales para atraer a jóvenes en situación de vulnerabilidad, ofreciéndoles un falso sentido de poder, pertenencia o una salida económica.
«Entre los detenidos se encuentran cinco menores de edad, quienes son señalados por haber participado en delitos de alto impacto en la zona», detalla el informe oficial, normalizando un hecho que debería ser una alarma social.
Esta captura, por tanto, no puede ser vista únicamente como una historia de policías y delincuentes. Es un doloroso recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado es también una batalla por el futuro de la juventud, una que se está perdiendo en muchas comunidades del país.


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