Ataque con drones en Tepalcatepec deja avioneta destruida y temor creciente
La mañana comenzó como muchas en la región de Tepalcatepec, Michoacán: silenciosa, templada, pero cargada de tensión. Sin embargo, lo que parecía ser un día más terminó por convertirse en otro oscuro episodio en la historia reciente del estado. Un ataque armado y coordinado con drones explosivos fue perpetrado contra la pista aérea conocida como La Parota, dejando una avioneta completamente destruida y otras dos severamente dañadas. El crimen organizado vuelve a demostrar su capacidad operativa, esta vez por vía aérea.
La Parota, un blanco estratégico en medio de la violencia
El objetivo fue claro: inutilizar, amedrentar y enviar un mensaje. La pista de aterrizaje La Parota, ubicada en el Ejido La Parotita, frente a la comunidad de Magallanes, no es solo una franja de concreto. Es un punto logístico vital en la región para quienes sobrevuelan Michoacán por razones civiles o médicas. Pero este domingo se convirtió en escenario de guerra.
Según los primeros reportes policiales, recibidos mediante el número de emergencias 911, el ataque ocurrió durante las primeras horas del día, cuando aún no había personal activo en el hangar. Un dato que, si bien evitó una tragedia humana, evidencia el cálculo milimétrico detrás del atentado.
Drones, esquirlas y estrellas ponchallantas: el nuevo rostro del crimen organizado
La ofensiva fue quirúrgica y brutal. Drones con carga explosiva, ráfagas de disparos y artefactos ponchallantas desplegados sobre la pista marcaron la escena. Una avioneta Cessna modelo 1956 quedó completamente destruida. La pequeña aeronave, de color blanco con rojo, fue convertida en chatarra en segundos.
Las otras dos aeronaves afectadas, con matrículas XB-BKG y XB-JCD, mostraban orificios de bala, signos de fuego y daños estructurales considerables. El fuego alcanzó incluso la techumbre metálica del hangar, donde se registraron boquetes y quemaduras atribuibles a las explosiones. El propósito era claro: no dejar posibilidad de operación ni refugio.
Sobre la pista, además, se hallaron múltiples estrellas metálicas ponchallantas, utilizadas comúnmente por grupos delictivos para impedir el ingreso o escape de fuerzas de seguridad o vehículos civiles. Una táctica que ya no se limita a las carreteras, sino que ahora se extiende al espacio aéreo y terrestre con la misma intención de dominio territorial.
Tepalcatepec: entre el fuego cruzado y el olvido institucional
Lo ocurrido en La Parota no es un hecho aislado. Forma parte de una narrativa continua de violencia en Michoacán, donde el control del aire, la tierra y los accesos es disputado por cárteles y grupos armados que han superado en equipamiento a muchas autoridades locales.
En esta ocasión, los elementos de la Guardia Civil acudieron al lugar para asegurar la zona y constatar los daños, que aunque únicamente materiales, representan una escalada peligrosa en la forma en que el crimen organizado ataca infraestructura civil y estratégica.
A pesar del poder destructivo del ataque, no se reportaron lesionados ni víctimas mortales, lo cual no reduce la gravedad de los hechos, sino que resalta la sofisticación del operativo. Atacar sin causar muertes puede ser una forma de intimidación quirúrgica: mostrar poder sin provocar la respuesta militar que un número elevado de víctimas podría desencadenar.
¿Quién controla el cielo en Michoacán?
En años recientes, la violencia en México ha mostrado un giro inquietante: la militarización del crimen. El uso de drones armados, explosivos improvisados y ataques con tácticas de guerra ya no es una predicción alarmista, sino una realidad cotidiana en regiones como Tepalcatepec.
La pregunta que muchos se hacen es: ¿Quién controla el cielo en México? En un país donde las autoridades luchan por mantener el control terrestre, el espacio aéreo se convierte en el próximo campo de batalla. Los drones, antes herramientas recreativas o agrícolas, son ahora armas de asedio, de vigilancia y de destrucción.
Una Cessna de 1956: testigo del pasado, víctima del presente
La aeronave destruida en el ataque no era cualquier vehículo. Se trataba de una Cessna del año 1956, una pieza que evocaba otros tiempos en la aviación civil mexicana. En un giro trágico, ese símbolo de progreso quedó reducido a cenizas por un conflicto que no da tregua.
Este ataque no solo representa una pérdida material. Es también una metáfora del deterioro institucional. Cuando incluso el aire se convierte en un territorio de guerra, es evidente que el Estado ha perdido soberanía en zonas completas del país.
El silencio institucional y la normalización del horror
Hasta el momento, no se han emitido comunicados oficiales contundentes que detallen los responsables o las medidas a tomar. Como en tantos episodios recientes, la violencia se documenta, se denuncia y se diluye, mientras la población sigue expuesta, sin respuestas ni garantías.
Tepalcatepec y comunidades aledañas como Magallanes viven bajo el yugo de una guerra no declarada pero profundamente real, donde lo que un día fue un hangar de aterrizaje ahora se convierte en evidencia del dominio narco.
Conclusión: cuando volar es un riesgo en tierra narco
El ataque con drones a la pista La Parota no es solo otro capítulo violento. Es un parteaguas en la guerra moderna del narco en México, donde el control del territorio ya no es suficiente y se extiende al cielo. Que una avioneta civil, en una pista sin defensa, sea blanco de una operación militar del crimen organizado nos recuerda lo frágil que es la paz en muchas regiones del país.


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