La relación entre México y Estados Unidos siempre ha sido compleja, pero pocas veces ha alcanzado un nivel de tensión tan visible como el que enfrenta hoy Claudia Sheinbaum con Donald Trump. Lo que comenzó como una dinámica de respeto, incluso con elogios públicos del expresidente estadounidense, se ha transformado en un pulso constante de presión, amenazas y negociaciones de alto riesgo.
El inicio: la presidenta que logró calmar a Trump
En sus primeros encuentros, Sheinbaum sorprendió al mundo. En febrero, en plena Casa Blanca, Trump declaró: “Me cae muy bien”, una frase que parecía marcar una relación inédita entre ambos mandatarios.
Poco después, cuando Trump amagó con imponer aranceles a México, fue Sheinbaum quien logró detener esa ofensiva con un acuerdo directo, ganándose el respeto del republicano.
Era un escenario poco común: Trump, conocido por su estilo confrontativo, reconocía públicamente la habilidad de la presidenta mexicana para negociar.
El giro: de la cordialidad a la presión
Pero esa luna de miel fue breve. En los últimos meses, Trump intensificó su campaña de presión hacia México.
- Envió casi 10,000 soldados a la frontera.
- Señaló a bancos mexicanos de lavado de dinero.
- Amenazó con aranceles devastadores a las exportaciones.
- Revocó visados de políticos mexicanos.
- Y declaró a cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
Cada movimiento obligó a Sheinbaum a responder con cautela, defendiendo siempre una línea roja: la soberanía nacional.
La amenaza militar y la reacción mexicana
Cuando se filtró que Trump había ordenado al Pentágono explorar acciones militares contra cárteles en México, la respuesta fue inmediata:
“No va a haber una invasión. Eso está descartado”, aseguró Sheinbaum.
Sin embargo, días después, su gobierno extraditó a 26 presuntos miembros de alto nivel del crimen organizado hacia Estados Unidos, un gesto que algunos interpretaron como concesión.
Resultados internos: golpes al narco y cifras inéditas
Durante su administración, México ha alcanzado cifras récord:
- Más de 30,000 detenidos vinculados a delitos de alto impacto en apenas nueve meses.
- Incautaciones de droga más altas que en sexenios anteriores.
- Una reducción en homicidios y un freno casi total a cruces ilegales en la frontera.
Sin embargo, el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos sigue siendo el gran punto de fricción.
Un aliado incómodo: la sombra de la DEA
El episodio más reciente ocurrió cuando la DEA anunció una “iniciativa bilateral audaz” contra los cárteles. Sheinbaum respondió con molestia: afirmó que no tenía información de tal programa y acusó a la agencia de exagerar.
No obstante, detrás de los micrófonos, su gobierno negocia un acuerdo de cooperación en seguridad que incluye acciones conjuntas e intercambio de inteligencia, siempre con la condición de respetar la soberanía mexicana.
Entre la presión y la economía
La interdependencia económica es el trasfondo de esta tensión. Cada minuto, el comercio entre México y Estados Unidos supera 1.2 millones de dólares. Para Sheinbaum, la amenaza de aranceles no es solo un tema de diplomacia: representa un riesgo directo a la estabilidad económica nacional.
La encrucijada de Sheinbaum
Expertos como Lila Abed, del Diálogo Interamericano, advierten que Sheinbaum enfrenta una posición extremadamente difícil:
“No hay métricas claras para saber si lo que México hace es suficiente. Trump puede cambiar las reglas en cualquier momento”, afirmó.
Y ese es el dilema: ceder demasiado puede debilitar su liderazgo interno; resistir demasiado puede detonar sanciones que lastimen a millones de mexicanos.
Una relación marcada por elogios y choques
La historia entre Sheinbaum y Trump es, hasta ahora, una de contrastes:
- Trump pasa de elogiarla en el Despacho Oval a amenazar con sanciones en cuestión de días.
- México responde con cooperación, pero también con límites claros.
- Ambos países dependen uno del otro más de lo que quisieran admitir.
La pregunta que queda abierta es si Sheinbaum podrá mantener el delicado equilibrio entre soberanía y pragmatismo, sin perder legitimidad ante un socio tan impredecible como Donald Trump.


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