Hace más de 30 años, Mario Vargas Llosa definió a México como «la dictadura perfecta«. Décadas después, el país parece debatirse entre las etiquetas que Giovanni Sartori y Vargas Llosa usaron para describir regímenes políticos: una hegemonía de partido o una dictadura moderna.
En un entorno donde la democracia representativa parece erosionarse, la consolidación de un régimen de partido dominante plantea interrogantes urgentes sobre la estructura del poder, la participación ciudadana y el futuro de los derechos humanos en el país.
La herencia del régimen hegemónico en México
Durante gran parte del siglo XX, México estuvo gobernado por un régimen de partido hegemónico en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) concentraba el poder político y económico. Sartori describió este modelo como uno donde la incertidumbre electoral desaparece, los marcos legales son palancas del poder y las instituciones están subordinadas al partido dominante.
Con la transición democrática de 2000, se esperaba que México superara este modelo. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años sugieren un retorno a estructuras que combinan rasgos del antiguo régimen con características de un autoritarismo moderno.
México en 2024: ¿régimen hegemónico o dictadura?
Para comprender la situación actual, es necesario analizar tres aspectos fundamentales:
1. Supremacía constitucional y reformas
La actual administración ha implementado reformas que concentran el poder en el Ejecutivo y desmantelan contrapesos institucionales:
- Desaparición de contrapesos: La eliminación o debilitamiento de organismos autónomos, como el INE, limita la capacidad de fiscalización y supervisión.
- Supremacía legislativa: Reformas que permiten al Congreso tomar decisiones inatacables desde el Poder Judicial.
- Reformas a modo: Cambios constitucionales que consolidan el control del partido gobernante, limitando los derechos de participación ciudadana y favoreciendo la centralización del poder.
Estas medidas crean un marco legal que, aunque técnicamente constitucional, permite el uso discrecional y absoluto del poder.
2. Participación ciudadana limitada
Uno de los pilares de una democracia funcional es la capacidad de los ciudadanos para incidir en las decisiones políticas. Sin embargo, en México esta participación está siendo cooptada o restringida:
- Control electoral: Procesos marcados por el intervencionismo oficial, el uso del erario público para influir en campañas y la violencia ejercida por poderes fácticos.
- Designaciones judiciales: Aunque se ha promovido la elección de jueces por voto popular, las listas de candidatos están controladas por el partido en el poder, eliminando cualquier posibilidad de pluralidad.
- Reducción de espacios de participación: La desaparición de organismos autónomos y la centralización del poder limitan las vías para que la sociedad incida en políticas públicas.
3. Voluntad política antidemocrática
Las declaraciones y acciones de las figuras políticas dominantes reflejan una falta de voluntad para construir consensos democráticos:
- Aprobación exprés de reformas: Leyes y reformas aprobadas sin debate ni análisis, siguiendo instrucciones del Ejecutivo.
- Amenazas a la oposición: Uso del poder legislativo y judicial para intimidar a figuras opositoras y críticos del régimen.
- Desacato judicial: Obras y decisiones de gobierno que continúan a pesar de resoluciones judiciales en contra.
Este panorama sugiere un proceso de imposición autoritaria que erosiona las bases democráticas del país.
¿Hacia dónde vamos?
El análisis actual indica que México se encuentra en un régimen hegemónico con tendencias autoritarias. Mientras las instituciones continúen subordinadas al poder ejecutivo y no existan garantías para la pluralidad y la participación ciudadana, el país corre el riesgo de consolidar un modelo que Sartori definió como dictadura: un Estado en el que el poder no tiene límites y las leyes sirven más para justificar que para restringir.
¿Qué se necesita para cambiar el rumbo?
Para evitar una deriva autoritaria, es fundamental:
- Fortalecer contrapesos: Restablecer la autonomía de organismos como el INE y el Poder Judicial.
- Garantizar elecciones libres y justas: Asegurar procesos electorales transparentes y sin intervención gubernamental.
- Promover la participación ciudadana: Crear mecanismos reales para que la sociedad influya en decisiones clave.
- Fomentar la rendición de cuentas: Establecer sanciones claras para el uso indebido del poder.
Un momento decisivo para la democracia en México
El México de 2024 enfrenta un dilema histórico: consolidarse como una democracia plural o caer en un modelo autoritario que combine los peores elementos del pasado y el presente. La tarea de los ciudadanos, analistas y actores políticos es entender la realidad sin prejuicios partidistas, exigiendo transparencia, rendición de cuentas y la protección de los derechos fundamentales.
Como señaló Sartori, «la democracia no se construye con palabras, sino con instituciones sólidas y ciudadanos conscientes». México está en un momento crítico para decidir su futuro.
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