El legado de AMLO en el gobierno de Sheinbaum: ¿ruptura o continuidad?
Claudia Sheinbaum llegó a la presidencia con promesas de consolidar la Cuarta Transformación, pero sus primeros 100 días en el poder han planteado una interrogante crucial: ¿gobierna por sí misma o es una extensión del proyecto de López Obrador? Su discurso inaugural dejó entrever un compromiso con los ideales de su predecesor, pero también destacó la influencia persistente del expresidente en las decisiones clave de su administración.
¿Un séptimo año de AMLO?
El informe de los primeros 100 días de Sheinbaum parecía menos un resumen de logros propios y más un esbozo de un séptimo año del régimen de AMLO. Desde la elección de su gabinete hasta las prioridades legislativas, el legado de López Obrador está profundamente arraigado en cada aspecto de la agenda política actual.
La figura del “Jefe Máximo”
Esta dinámica recuerda al Maximato, el periodo en el que Plutarco Elías Calles dirigió la política mexicana desde las sombras tras dejar la presidencia en 1928. Sin embargo, a diferencia de Calles, López Obrador no parece necesitar un escenario de crisis para justificar su influencia. La pregunta es si este modelo de gobernanza será sostenible o si, por el contrario, erosionará la legitimidad de Sheinbaum como presidenta.
El poder legislativo y judicial: ¿contrapesos o aliados?
En un sistema democrático, los poderes legislativo y judicial funcionan como contrapesos al Ejecutivo. Sin embargo, bajo el mandato de López Obrador y la continuidad que parece garantizar Sheinbaum, estos órganos han visto reducida su autonomía.
Legislación a modo
Con un Congreso controlado por Morena y aliados, las reformas impulsadas desde el Ejecutivo se han aprobado sin mayor resistencia, consolidando una mayoría que pone en entredicho la pluralidad legislativa.
La erosión del Poder Judicial
El sometimiento del Poder Judicial a los intereses del oficialismo es otro signo preocupante. Desde la reforma al INE hasta las propuestas de cambios estructurales en el Tribunal Electoral, el equilibrio de poder se tambalea peligrosamente.
La centralidad presidencial en jaque
Desde la muerte de Álvaro Obregón en 1928, el sistema presidencialista mexicano ha sido un pilar de la estabilidad política. No obstante, la figura de López Obrador parece haber desplazado este equilibrio hacia un modelo caudillista, donde el poder real reside fuera de la institución presidencial.
La influencia en el gabinete
La mitad del gabinete de Sheinbaum está integrado por figuras cercanas a López Obrador, lo que refuerza la percepción de que el expresidente sigue siendo el verdadero líder detrás del trono.
El partido como herramienta de control
Morena, bajo el liderazgo de personajes afines a López Obrador, ha consolidado su posición como partido de Estado, replicando dinámicas de control que recuerdan al PRI hegemónico del siglo pasado.
¿Qué futuro espera al sistema político mexicano?
La pregunta central es si este modelo de gobernanza, que combina el control partidista con una concentración de poder sin precedentes, puede sostenerse en el tiempo sin desmoronar las bases democráticas del país.
¿Un modelo exportado de Venezuela?
El creciente poder de las fuerzas armadas y su participación en sectores estratégicos genera inquietudes sobre un posible tránsito hacia un modelo similar al venezolano, donde los militares son pieza clave en el sostenimiento del régimen.
Entre continuidad y transformación
Sheinbaum enfrenta un reto monumental: demostrar que su gobierno tiene una identidad propia y que no es solo una prolongación del liderazgo de López Obrador. La centralidad presidencial está en juego, y el desenlace de este capítulo definirá no solo su administración, sino también el futuro de la democracia mexicana.
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