El populismo, definido por el filósofo Daniel Innerarity, ha encontrado terreno fértil en el descontento social y la crisis de confianza en las instituciones. Aunque puede parecer una respuesta legítima a las fallas de los sistemas democráticos, los líderes populistas han demostrado que su estilo de gobierno no solo agrava los problemas, sino que debilita la convivencia y desmantela instituciones clave.
Desde Nicolás Maduro en Venezuela hasta Donald Trump en Estados Unidos, pasando por Vladimir Putin en Rusia y Javier Milei en Argentina, el manual populista es claro: polarizar, simplificar problemas y deslegitimar a los “enemigos”. Pero, ¿qué significa esto para el futuro de la democracia global?
¿Qué es el populismo? Una estrategia de poder basada en emociones
Innerarity define el populismo como una narrativa emocional que divide a la sociedad en dos bloques irreconciliables:
- El pueblo: Un grupo homogéneo, moralmente superior y víctima de las élites.
- Las élites: Representadas como corruptas, opresoras y responsables de los problemas sociales.
Las características del populismo:
- Simplificación extrema: Problemas complejos se reducen a soluciones inmediatas, sin atender las causas profundas.
- Polarización: Divide a la sociedad en “buenos” y “malos”, promoviendo narrativas de odio.
- Deslegitimación de instituciones: Debilita contrapesos democráticos, como el poder judicial y los medios de comunicación.
Ejemplos globales de líderes populistas
Nicolás Maduro y el colapso de Venezuela
En su toma de protesta para un tercer mandato, Maduro afirmó:
“El poder de Estados Unidos y sus esclavos en América Latina no pudieron imponernos un presidente”.
Con estas declaraciones, Maduro sigue el manual populista: culpar a enemigos externos y desviar la atención de una crisis humanitaria sin precedentes. Su régimen ha desmantelado instituciones democráticas, perseguido opositores y provocado un éxodo masivo.
Vladimir Putin: populismo y guerra
Putin ha llevado el populismo a un nivel peligroso al justificar la invasión a Ucrania como una defensa de la “soberanía rusa”. En sus palabras:
“Nuestra capacidad militar es la más fuerte del mundo”.
Esta retórica mezcla nacionalismo extremo, miedo y ambiciones geopolíticas, lo que ha resultado en una catástrofe humanitaria y la consolidación de un régimen autoritario.
Donald Trump: la polarización como herramienta de poder
El expresidente de Estados Unidos y candidato en 2024 es un ejemplo claro de cómo el populismo puede dividir profundamente a una sociedad. Su discurso sobre elecciones “robadas” y ataques a las instituciones democráticas han dejado una huella duradera en la política estadounidense.
Impactos del populismo en la democracia
El populismo plantea riesgos serios para la estabilidad democrática:
1. Desmantelamiento institucional
Líderes populistas atacan y debilitan contrapesos como el poder judicial, organismos autónomos y medios de comunicación críticos, dejando a la democracia sin defensas.
2. Polarización social
La división entre “pueblo” y “élites” exacerba tensiones y dificulta el diálogo, dejando sociedades profundamente fragmentadas.
3. Retroceso económico y social
Proyectos populistas tienden a priorizar medidas inmediatas sobre estrategias sostenibles, lo que genera crisis económicas, desempleo y pérdida de derechos fundamentales.
¿Cómo combatir el populismo?
- Fortalecer las instituciones democráticas: Garantizar la independencia de poderes y proteger los organismos autónomos.
- Educación cívica: Promover una ciudadanía informada que pueda identificar discursos populistas.
- Transparencia y rendición de cuentas: Reducir la corrupción para restablecer la confianza en las instituciones.
- Diálogo y consenso: Fomentar políticas que representen a todos los sectores de la sociedad.
El populismo no es la solución, es el problema
Aunque el populismo puede parecer una respuesta legítima a las crisis democráticas, sus efectos son devastadores. Desde el colapso de Venezuela hasta la invasión rusa a Ucrania, los líderes populistas han demostrado que su prioridad no es resolver los problemas sociales, sino perpetuar su poder.
La solución está en fortalecer las democracias desde dentro, con instituciones sólidas, diálogo inclusivo y ciudadanos informados. Solo así podremos enfrentar los retos globales sin recurrir a los falsos profetas del populismo.
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