Asumir el poder nunca ha sido fácil, pero cuando la estructura en la que te apoyas está cimentada sobre promesas frágiles y decisiones cuestionables, el desafío se vuelve monumental. Claudia Sheinbaum no solo heredó la presidencia, sino también un movimiento caótico, una estructura política frágil y una serie de problemas que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, dejó sin resolver.
La narrativa parecía clara: AMLO construyó una transformación histórica, un gobierno de y para el pueblo. Pero tras su partida, la realidad ha resultado ser mucho más turbia. Las fisuras dentro del movimiento, la falta de institucionalidad y los errores estratégicos han comenzado a cobrar factura.
En la política, como en la vida, las herencias no siempre son bendiciones. A veces, son una carga imposible de sostener.
El conflicto interno: un movimiento sin reglas ni liderazgos claros
El lópezobradorismo fue un fenómeno que giró en torno a una sola figura: AMLO. Su liderazgo carismático y su estilo autoritario hicieron que la estructura política de su gobierno dependiera exclusivamente de su presencia.
Ahora que no está, Morena enfrenta su primera gran crisis de identidad. No hay reglas claras, no hay mecanismos de control interno y los conflictos entre facciones se han intensificado.
Los principales problemas que enfrenta Sheinbaum dentro de su propio movimiento:
- El poder de la familia López Beltrán: AMLO dejó a su hijo Andrés López Beltrán con un rol clave en el movimiento. Esto limita la autoridad de Sheinbaum y crea un choque de poder.
- Lealtades divididas: Mientras algunos apoyan la línea dura del obradorismo, otros buscan una administración más pragmática.
- Desconfianza en las instituciones: La mayoría legislativa permitió cambios drásticos en pocos meses, pero ha debilitado la estructura democrática interna.
La presidenta necesita consolidar su liderazgo y definir una estrategia clara si quiere evitar que Morena se convierta en un campo de batalla político.
La sombra del crimen organizado: un problema heredado
Uno de los aspectos más polémicos del sexenio de AMLO fue su estrategia de seguridad, resumida en la frase: “abrazos, no balazos”.
El debilitamiento de las fuerzas policiales, la falta de coordinación con los gobiernos estatales y la permisividad con el crimen organizado han convertido a México en un territorio fragmentado por la violencia.
El caso del gobernador Rocha Moya en Sinaloa es emblemático. A pesar de las acusaciones de vínculos con el crimen organizado, Sheinbaum ha decidido mantenerlo en su cargo, una decisión que genera dudas sobre su verdadera independencia del legado obradorista.
Mientras tanto, el crimen sigue fortaleciéndose:
- Más del 40% del país está controlado por grupos delictivos.
- Las extorsiones y secuestros han aumentado en estados clave como Guerrero, Michoacán y Zacatecas.
- La impunidad sigue siendo un problema estructural, con más del 90% de los delitos sin resolver.
Sheinbaum enfrenta una difícil elección: continuar con la estrategia heredada o implementar un cambio que rompa con la narrativa obradorista.
Trump y la tormenta diplomática: México en la mira
Si la situación interna no fuera suficiente, Sheinbaum también enfrenta un reto mayúsculo en política exterior. Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca, y con él, una serie de amenazas directas hacia México.
En menos de un mes, el nuevo gobierno estadounidense ha tomado decisiones que impactan directamente a nuestro país:
- Imposición de aranceles del 25% a productos mexicanos, argumentando que México no ha hecho lo suficiente para frenar la migración ilegal.
- Militarización de la frontera sur de EE.UU., con la intención de bloquear el paso de migrantes.
- Amenazas de intervención militar contra los cárteles mexicanos, declarando que serán considerados grupos terroristas.
¿Cuál ha sido la respuesta de Sheinbaum?
Hasta ahora, su estrategia ha sido mesurada y diplomática. Ha evitado confrontaciones directas con Trump, buscando un diálogo pragmático que evite el deterioro de la relación bilateral.
Pero la pregunta clave es: ¿será suficiente?
El gobierno de Trump no sigue las reglas tradicionales de la diplomacia, y su presión sobre México solo aumentará en los próximos meses.
El dilema de Sheinbaum: continuidad o ruptura
La presidenta enfrenta uno de los mayores desafíos políticos en la historia reciente de México.
Por un lado, tiene que consolidar su liderazgo dentro de un movimiento que se resquebraja. Por otro, debe tomar decisiones clave en materia de seguridad y relaciones exteriores.
Su gran dilema es:
- Continuar con el legado de AMLO, aceptando las mismas estrategias y errores del pasado.
- Marcar una diferencia real y tomar el control de su propia administración.
Hasta ahora, parece atrapada en la inercia del obradorismo, sin mostrar señales de una transformación profunda.
Si no logra tomar decisiones firmes en los próximos meses, podría enfrentar una crisis de credibilidad que la debilite de cara al futuro.
¿Una oportunidad o una crisis sin salida?
A pesar de los retos, Sheinbaum aún tiene la oportunidad de demostrar que su gobierno no será una simple continuación del pasado.
Las claves de su éxito dependerán de:
- Definir su propio liderazgo dentro de Morena.
- Implementar una nueva estrategia de seguridad.
- Negociar con inteligencia la relación con EE.UU.
Si logra hacer esto, podría convertir la herencia maldita en una oportunidad de transformación.
Si no, México podría enfrentar una crisis política, económica y de seguridad sin precedentes.
El tiempo corre, y la historia no espera.
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