En un escenario cargado de historia, poder y simbolismo, Xi Jinping aterrizó en Moscú este miércoles 7 de mayo para participar en las conmemoraciones por la victoria sobre la Alemania nazi en 1945. No es una visita cualquiera: es un gesto diplomático cargado de mensajes hacia el mundo, un nuevo capítulo en la alianza estratégica entre China y Rusia, que se escribe justo cuando el orden global tambalea.
El líder chino fue recibido con todos los honores y se prepara para una intensa agenda diplomática con su par ruso, Vladimir Putin. La cúspide será este jueves, cuando ambos se reúnan primero en privado y luego con sus delegaciones. Está previsto que firmen dos declaraciones conjuntas, una sobre su cooperación integral y otra sobre seguridad estratégica global, marcando un tono firme frente a los intereses occidentales.
Desfile militar y simbolismo geopolítico en la Plaza Roja
El viernes, Xi y Putin presenciarán juntos el gran desfile militar en la Plaza Roja, epicentro del poderío simbólico ruso. En este evento desfilarán no solo tropas rusas, sino también militares de China y otros doce países, una señal clara de unidad entre potencias no alineadas con Occidente.
Los asistentes al evento son un reflejo de las nuevas alianzas globales. Además de Xi Jinping, estarán presentes los presidentes de Venezuela (Nicolás Maduro), Cuba (Miguel Díaz-Canel) y Brasil (Luiz Inácio Lula da Silva), quien no había viajado a Rusia desde hace 15 años. También asistirán líderes europeos como Robert Fico de Eslovaquia y Aleksandar Vucic de Serbia, a pesar de las presiones de la Unión Europea para que no lo hicieran.
Una cumbre contra el aislamiento internacional
Mientras Occidente intensifica las sanciones y los bloqueos, Rusia y China tejen un nuevo bloque de poder global. El hecho de que Xi haya decidido asistir personalmente —al igual que en 2015— muestra no solo continuidad, sino una alianza cada vez más sólida. Compartir una “taza de té” tras las negociaciones, como lo harán Xi y Putin, no es una anécdota menor: en la diplomacia oriental, simboliza cercanía, confianza y visión compartida.
Para China, este viaje es una oportunidad de mostrarse como un actor estabilizador, que no solo busca el crecimiento económico, sino que quiere influir en el reordenamiento del poder internacional. Para Rusia, es una bocanada de legitimidad en medio del aislamiento que enfrenta por su invasión a Ucrania.
América Latina como testigo y aliado
La presencia de tres mandatarios latinoamericanos (Brasil, Venezuela y Cuba) también habla del creciente interés de Moscú y Pekín por reforzar sus lazos con América Latina. Lejos de las agendas de Bruselas y Washington, esta región es vista por ambos como un terreno fértil para la diplomacia, los recursos y la influencia cultural.Veteranos de guerra, líderes de distintos continentes, unidades extranjeras desfilando por la Plaza Roja… todo esto enmarca una narrativa geopolítica renovada, en la que el pasado se utiliza para legitimar un futuro compartido entre aliados estratégicos que desafían al bloque occidental.
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