En un momento clave para el equilibrio global, el presidente chino Xi Jinping concluyó una gira estratégica por el Sudeste Asiático con una visita de alto nivel a Camboya. Su objetivo es claro: reforzar los lazos políticos y económicos en una región que se siente cada vez más presionada por los aranceles y políticas proteccionistas de Estados Unidos.
Xi aterrizó en Phnom Penh entre honores oficiales, recibido por el rey Norodom Sihamoni y el primer ministro Hun Manet. Este viaje no es solo una cortesía diplomática: representa una maniobra inteligente para posicionar a China como el socio más confiable frente a un occidente cada vez más impredecible.
Un contexto tenso: Trump y los aranceles
El telón de fondo de esta visita está marcado por el anuncio reciente de nuevos aranceles por parte de Donald Trump. Las economías de países como Camboya, Vietnam y Malasia dependen fuertemente de sus exportaciones, y la incertidumbre generada por Washington ha abierto un espacio para que China fortalezca su influencia.
“China apoyará firmemente a Camboya en su desarrollo autónomo”, dijo Xi al llegar. Sus palabras fueron bien recibidas por un gobierno que, aunque joven en manos de Hun Manet, hereda décadas de cercanía con Beijing.
Un amigo antiguo, una estrategia nueva
El storytelling detrás de esta visita es potente. Hace casi una década que Xi no pisaba Camboya. Hoy regresa como líder de la segunda economía del mundo, acompañado de la firma de 37 acuerdos bilaterales que abarcan desde el comercio y la salud hasta los asuntos de la mujer y la juventud.
Esta narrativa de “amistad sólida” y apoyo mutuo es cuidadosamente tejida por ambos países. Pero detrás de los saludos y las fotos oficiales, se juegan intereses estratégicos, como el acceso al Golfo de Tailandia y la expansión de la Base Naval de Ream, financiada en parte por Beijing.
¿Una base militar china en Camboya?
Las especulaciones sobre la posibilidad de que China utilice esta base como un punto militar han sido negadas por Phnom Penh. Pero la preocupación persiste en países como Japón, que acaba de anunciar el envío de dragaminas a la zona, en una visita simbólica que busca marcar presencia frente a la creciente influencia china.
La gira, un mensaje a Washington
Xi Jinping no improvisa. Su paso por Vietnam, Malasia y Camboya fue cuidadosamente planeado. En cada parada, el mensaje fue el mismo: rechazo al unilateralismo, defensa del comercio multilateral y cooperación como motor del crecimiento. En pocas palabras: China quiere ser la alternativa.
La estrategia de Xi no solo busca ganar terreno comercial. También pretende construir una narrativa global en la que China es el garante de la estabilidad, frente a un Estados Unidos que actúa con medidas cada vez más disruptivas.
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