La disputa entre Estados Unidos e Irán entra en una nueva etapa mientras el Estrecho de Ormuz permanece condicionado por las exigencias de Teherán. Trump descartó por ahora una ofensiva militar destinada a forzar la reapertura del paso estratégico y optó por una nueva batería de sanciones económicas, una decisión que coincide con importantes movimientos dentro de la estructura de poder iraní. En las últimas horas, Mojtaba Khamenei, líder religioso de Irán, promovió a dos generales con fuerte influencia dentro de la Guardia Revolucionaria, colocando nuevas piezas en el tablero que definirá la relación con Washington.
El primero de los nombramientos fue el de Mohsen Rezaee como representante de Khamenei en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, organismo encargado de definir la estrategia geopolítica de Irán. Rezaee es un general de gran influencia dentro de la Guardia Revolucionaria y su incorporación refuerza la presencia de esta estructura en las decisiones relacionadas con Estados Unidos y el Estrecho de Ormuz. Poco después, Mohammad Baqer Zolqadr fue designado como principal asesor político de Mojtaba Khamenei, consolidando junto a Rezaee un tándem con capacidad para condicionar las decisiones del régimen.
Trump y la nueva estructura de poder en Irán
Los cambios internos adquieren especial relevancia porque se producen mientras Washington busca una salida al conflicto sin recurrir inmediatamente a una nueva ofensiva militar. La estrategia de Trump se ha concentrado en la presión económica, con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, encargado de preparar nuevas sanciones contra Irán. Las medidas, de acuerdo con la información proporcionada, serían anunciadas en los próximos días y tendrían como objetivo presionar a Teherán para regresar a una negociación sobre Ormuz.
Sin embargo, la llegada de Rezaee y Zolqadr modifica el escenario político en el que Washington tendrá que negociar. Ambos generales representan una línea que relativiza la vía diplomática y que ha establecido condiciones concretas para permitir nuevamente el libre tránsito por el estrecho. El movimiento también reduce el peso relativo que habían adquirido figuras como Abbas Araghchi, canciller iraní, y Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente de la Cámara de Diputados, quienes habían sido considerados interlocutores relevantes para mantener abierto el canal de diálogo con Estados Unidos.
Un día antes de asumir como principal asesor político de Mojtaba Khamenei, Zolqadr lanzó un ultimátum respecto a Ormuz. En declaraciones difundidas por la agencia estatal IRNA, sostuvo que el estrecho no será abierto mientras Estados Unidos no modifique su comportamiento. La declaración establece así una posición que coloca la reapertura de una de las principales rutas marítimas de la región directamente en el centro de la disputa entre ambos gobiernos.
Las cinco condiciones de Irán para abrir Ormuz
La posición respaldada por la Guardia Revolucionaria y Mojtaba Khamenei contempla cinco exigencias que Teherán considera indispensables para permitir nuevamente el tránsito por el Estrecho de Ormuz:
- Poner fin de manera permanente a la guerra y a la agresión contra Irán y sus aliados en Líbano, Palestina, Yemen e Irak.
- Levantar el bloqueo naval y retirar las fuerzas militares estadounidenses de las zonas marítimas y aéreas cercanas a Irán.
- Pagar los daños y perjuicios derivados de las dos guerras de agresión e imposición contra Irán.
- Levantar las sanciones consideradas por Teherán como ilegales contra la población iraní.
- Liberar de manera incondicional los bienes iraníes congelados.
Estas condiciones colocan la reapertura de Ormuz dentro de una negociación mucho más amplia. El tránsito marítimo deja de aparecer únicamente como una cuestión relacionada con la navegación y pasa a estar vinculado con las sanciones, la presencia militar estadounidense, los conflictos regionales y las reclamaciones económicas de Irán. Bajo este escenario, la posición de Washington tendrá que responder a un paquete de exigencias que Teherán presenta como requisitos previos.
El petróleo aumenta la presión sobre Washington
El cierre o la interrupción del tráfico fluido por Ormuz también tiene consecuencias económicas. De acuerdo con la información proporcionada, el precio del barril de petróleo abrió al alza, mientras la ausencia de un flujo normal de combustible por el estrecho incrementa la presión sobre la economía estadounidense. El comportamiento del mercado energético se convierte así en otro elemento dentro de una disputa que ya involucra decisiones militares, diplomáticas y económicas.
Para Trump, el problema adquiere además una dimensión política. La intención de mantener abierto el Estrecho de Ormuz está relacionada con la necesidad de estabilizar los precios y evitar que el impacto económico termine afectando el respaldo de sus propios votantes. El escenario se vuelve especialmente relevante de cara a los comicios de medio término, en los que el presidente estadounidense busca conservar respaldo suficiente para impulsar su agenda desde la Casa Blanca.
La presión aumenta porque Washington ha descartado, por ahora, una ofensiva militar destinada exclusivamente a conseguir la reapertura del estrecho. En su lugar, la Casa Blanca apuesta por las sanciones económicas como mecanismo para obligar a Teherán a modificar su posición. El resultado de esa estrategia todavía permanece abierto, mientras Irán mantiene sus condiciones y fortalece internamente a los sectores vinculados con la Guardia Revolucionaria.
Trump mantiene abierta la posibilidad de cambiar de estrategia
La situación deja un escenario de tensión en el que las sanciones económicas aparecen como la primera herramienta elegida por Washington. El objetivo consiste en ejercer presión suficiente para que Irán acepte negociar la reapertura de Ormuz sin necesidad de recurrir a una nueva intervención militar. Sin embargo, las condiciones anunciadas por Zolqadr dificultan una solución inmediata, especialmente porque exigen cambios profundos en la política estadounidense hacia Irán y sus aliados regionales.
La información proporcionada también señala que Irán habría negociado un acuerdo sobre Ormuz con Omán y que Teherán solamente permitiría la libre navegación si Trump acepta las condiciones planteadas por el general Zolqadr. Al mismo tiempo, se considera poco probable que el presidente estadounidense acepte retirar sus tropas de Medio Oriente o destinar recursos del Tesoro estadounidense para reconstruir la estructura militar iraní.
El resultado es un pulso en el que ambas partes mantienen posiciones alejadas. Irán utiliza el control sobre Ormuz y sus exigencias como elementos de presión, mientras Estados Unidos recurre a las sanciones económicas para intentar modificar la postura de Teherán. En medio de esta disputa, el petróleo, la navegación internacional y el calendario electoral estadounidense añaden presión sobre Washington.
Por ahora, Trump mantiene la vía económica como estrategia principal, pero la información proporcionada deja abierta la posibilidad de que Washington vuelva a considerar una ofensiva militar si las sanciones no consiguen modificar la posición iraní. Mientras tanto, los nuevos nombramientos de Mojtaba Khamenei fortalecen dentro del régimen a figuras que exigen condiciones concretas para reabrir el Estrecho de Ormuz, dejando el desenlace de la crisis todavía abierto.


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