En las elecciones de Estados Unidos, muchos sintieron que tenían que elegir entre “lo menos peor”. Como si acá se enfrentaran el PRI y el PAN, ni a cuál irle. Sin embargo, la reelección de Donald Trump tiene un significado profundo y preocupante que va más allá de una simple victoria política. Representa el respaldo a una ideología que muchos pensaban superada, una ideología que valida el racismo, el odio y una visión excluyente de lo que significa ser estadounidense.
Trump y su base: una visión de América «blanca y protestante»
Para muchos de los votantes de Trump, su carácter racista, misógino y xenófobo no es una desventaja, sino una razón para apoyarlo. Como afirma el escritor Rafael Narbona, sus seguidores lo eligen precisamente por su odio hacia los grupos minoritarios y sus posturas extremistas. La elección de Trump vuelve a legitimar un estilo de vida y una ideología que se ha aferrado a la idea de que solo los «blancos, protestantes y estadounidenses de nacimiento» representan al país.
Un ejemplo de este odio latente se dio en la noche de su primera elección, cuando un grupo de jóvenes atacó a una mujer afroamericana embarazada, prendiéndole fuego. Este acto no fue orquestado por Trump, pero su llegada a la Casa Blanca fue una señal de aprobación para los sectores más extremistas, quienes vieron en él a un líder que entiende y representa sus ideales.
Un país armado y dividido: el problema de la violencia y los tiroteos
Uno de los temas más polémicos en la agenda de Trump ha sido su respaldo a la posesión de armas. En un país donde los tiroteos son casi una rutina, sus seguidores prefieren tener un arma en casa antes que enfrentar regulaciones de control de armas. Para ellos, la libertad de poseer armas es más importante que las muertes diarias provocadas por la violencia armada. Esta visión no solo mantiene dividido al país, sino que aumenta la tensión entre quienes exigen un control más estricto y quienes defienden su “derecho a portar armas” como parte de la identidad nacional.
La influencia de Trump sobre los inmigrantes con papeles
Curiosamente, algunos migrantes legalizados, especialmente los influenciados por sectores religiosos, también ven en Trump un símbolo de orden y rechazo a la inmigración indocumentada. Muchos temen que la llegada de nuevos migrantes ponga en riesgo su estatus y afecte sus oportunidades, lo que los lleva a respaldar políticas que frenen la entrada de más personas, aun cuando ellos mismos llegaron a Estados Unidos bajo circunstancias similares.
Este sentimiento de rechazo a la inmigración por parte de inmigrantes legalizados revela una contradicción, pero también una estrategia política efectiva: dividir a los grupos minoritarios en lugar de unirlos. Trump y sus seguidores han sabido explotar estos temores, fomentando una visión de los inmigrantes como competidores y no como aliados.
La cultura pop y el culto a la personalidad de Trump
Antes de ser presidente, Trump ya era una figura pública y parte de la cultura popular estadounidense. Desde su reality show El Aprendiz, hasta su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, su imagen ha estado presente en la vida estadounidense durante décadas. Esta fama y exposición contribuyeron a consolidar su estatus como figura de poder. Incluso llegó a grabar una escena donde despide a un actor que representaba a Barack Obama, en una especie de fantasía pública de poder y supremacía.
Pero su paso por la cultura popular no siempre ha sido bien recibido: Trump ha ganado tres premios Razzie a lo peor del cine y la televisión. Y aunque estos reconocimientos a lo “peor” no suelen ser motivos de orgullo, para Trump son simplemente un reflejo de su “diferencia” y su capacidad de polarizar, características que lo han mantenido en el ojo público.
Controversias y abusos: la historia de Trump detrás de cámaras
Trump también ha sido el centro de numerosos escándalos que, lejos de perjudicarlo, han parecido fortalecer la conexión con su base. Desde sus comentarios racistas hasta sus comportamientos cuestionables con las concursantes de Miss Universo, su historial está lleno de acciones polémicas. Durante años, fue dueño de los derechos de varios certámenes de belleza y se le acusó de ingresar a los vestidores de las concursantes sin previo aviso. Esta actitud refleja un desprecio hacia los límites y las normas sociales, una característica que muchos de sus seguidores valoran como “autenticidad”.
Su relación con figuras polémicas como Jeffrey Epstein y los rumores sobre su participación en fiestas privadas también han manchado su reputación. Sin embargo, nada de esto parece haber mermado su atractivo para una base que lo considera “inocente” o, en algunos casos, “perseguido” injustamente por los medios y sus opositores políticos.
Una figura pública obsesionada con la limpieza… y el poder
Un aspecto menos conocido de Trump es su obsesión con la limpieza. Al igual que el excéntrico millonario Howard Hughes, Trump se lava las manos con frecuencia y exige que quienes lo rodean también lo hagan. Incluso en una entrevista con el famoso locutor Howard Stern, confesó su fobia a los gérmenes, una curiosidad que muestra una faceta privada de su vida, alejada del estereotipo de líder “duro” que presenta al público.
Esta obsesión con el control y la limpieza también se refleja en su estilo de liderazgo, donde todo debe estar a su manera. Su comportamiento autoritario y su rechazo a cualquier crítica se han convertido en elementos característicos de su personalidad, que muchos ven como signos de “fuerza” y “liderazgo”.
La amenaza del regreso de Trump: un reflejo de un país dividido
La reelección de Trump no es solo una cuestión de política. Para millones de estadounidenses, su regreso representa un símbolo de resistencia contra lo que consideran “excesos” de la agenda progresista: ambientalismo, derechos LGBT, derechos reproductivos y, en general, cualquier cosa que consideren una amenaza a la “América tradicional”. El hecho de que una figura con un historial tan controversial haya vuelto al poder refleja un país profundamente dividido, donde el racismo, la xenofobia y el odio siguen estando presentes.
Trump no inventó el odio, pero su presencia en la Casa Blanca ha servido para legitimar muchas de estas ideas extremistas. Su regreso es una señal de que estos sectores se sienten respaldados y, lamentablemente, más fuertes que nunca.
¿Qué significa el regreso de Trump para el futuro de EE.UU.?
Con la vuelta de Trump, Estados Unidos enfrenta un futuro incierto y polarizado. El apoyo a su figura y sus posturas radicales sobre raza, migración y armas indican que el país aún tiene profundas heridas que sanar. La pregunta no es solo qué hará Trump en su segundo mandato, sino cómo su influencia continuará moldeando a la sociedad estadounidense y qué tanto durarán los efectos de sus políticas y su ideología en el tejido social.
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