Delcy Rodríguez asumió el control interino del poder en Caracas en el momento más delicado de la historia reciente de Venezuela. Su llegada no fue producto de un proceso institucional clásico, sino del colapso abrupto del liderazgo de Nicolás Maduro y de una operación que redefinió el tablero geopolítico regional. Desde el primer minuto, Delcy Rodríguez entendió que su permanencia no dependería solo del chavismo, sino de una agenda impuesta desde Washington.
Estados Unidos dejó claro que no habrá margen para la improvisación. La Casa Blanca exige acciones inmediatas y medibles si Caracas quiere evitar represalias similares a las que precipitaron la caída del antiguo mandatario. La narrativa es directa: estabilidad a cambio de concesiones estratégicas.
La presión de Washington sobre Delcy Rodríguez
La nueva jefa interina conoce como pocos la estructura del chavismo. Durante años fue una de las operadoras más fieles del régimen, primero como canciller y luego como vicepresidenta. Hoy, ese mismo conocimiento la coloca en una posición incómoda: debe ejecutar cambios que contradicen décadas de discurso antiestadounidense.
Washington ha advertido que una “segunda ola” de acciones no está descartada. La amenaza incluye sanciones personales, congelamiento de activos y eventuales operaciones militares si no se cumplen los compromisos. Parte de esa presión se apoya en información financiera sensible que involucra recursos ubicados en Medio Oriente y Turquía.
Tres medidas urgentes que exige Estados Unidos
Las exigencias transmitidas a Caracas son claras y se concentran en tres frentes estratégicos que definirán el corto plazo del país.
1. Combate frontal al narcotráfico
Estados Unidos considera a Venezuela un corredor clave del narcotráfico regional. Delcy Rodríguez debe reforzar operaciones de seguridad, desmantelar redes internas y frenar el flujo de drogas hacia el Caribe y Centroamérica. Este punto es central para Washington y condiciona cualquier alivio futuro de sanciones.
2. Expulsión de agentes extranjeros
Otra demanda crítica es la salida inmediata de operadores iraníes, cubanos y de otros países considerados adversarios de EE.UU. Para la Casa Blanca, Venezuela se convirtió en un nodo de influencia hostil en el hemisferio occidental, y revertir esa situación es una prioridad absoluta.
3. Detener la venta de petróleo a rivales geopolíticos
El petróleo venezolano sigue siendo una carta estratégica. Washington exige que Caracas frene los envíos energéticos a países enfrentados con Estados Unidos. Para Delcy Rodríguez, esta decisión implica un costo económico enorme, pero también define la posibilidad de una futura normalización financiera.
Un liderazgo vigilado y sin margen de error
A mitad de esta transición forzada, Delcy Rodríguez opera bajo una supervisión constante. Funcionarios estadounidenses consideran que su margen de maniobra es mínimo y que puede ser presionada en cualquier dirección antes de ser descartada. La coexistencia con figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López añade un factor de inestabilidad interna que amenaza con fracturas de poder.
La líder interina ha pasado de condenar la caída de Maduro a declarar su disposición a cooperar con Washington. Este giro discursivo no es menor en un movimiento político que durante casi tres décadas construyó su identidad en la confrontación con Estados Unidos.
Elecciones, sanciones y un futuro incierto
Aunque Estados Unidos menciona la necesidad de elecciones libres, no existe un calendario definido. Tampoco hay señales inmediatas de alivio de sanciones ni de ayuda humanitaria masiva. El mensaje es claro: primero cumplir, luego negociar.
La liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela también forma parte de las exigencias, aunque no se ha planteado una excarcelación general de presos políticos. Esto refuerza la percepción de que Washington prioriza sus intereses estratégicos por encima de una transición democrática integral.
Delcy Rodríguez ante el momento decisivo
El futuro político de Venezuela depende, en gran medida, de las decisiones que tome Delcy Rodríguez en las próximas semanas. Su capacidad para equilibrar las presiones externas, contener al chavismo interno y evitar una nueva escalada militar marcará un antes y un después en la historia del país.
Al cierre de este capítulo incierto, Delcy Rodríguez se enfrenta al dilema más complejo de su carrera: cumplir una agenda impuesta desde el exterior o arriesgarse a represalias que podrían profundizar aún más la crisis venezolana.
