Contra todo pronóstico, Donald Trump ha regresado a la Casa Blanca, desafiando las expectativas y movilizando a millones de votantes con una campaña centrada en el miedo, la promesa de un “rescate económico” y una retórica nacionalista. A pesar de sus múltiples juicios políticos y procesos judiciales, el candidato republicano ha logrado convencer a sectores que históricamente apoyaban al Partido Demócrata, incluyendo a latinos y afroamericanos.
El camino que llevó a Trump nuevamente al poder se explica a través de su estrategia electoral y su habilidad para interpretar las demandas de un electorado que percibe que el sistema político tradicional ha ignorado sus necesidades. Desde su enfoque en la migración hasta el manejo de la economía, el regreso de Trump al poder plantea un cambio profundo en el escenario político de Estados Unidos.
Una estrategia ganadora: la economía y el miedo como ejes de campaña
Trump ha sido un maestro en la utilización del miedo como estrategia política. En esta elección, recurrió a una narrativa dura sobre la migración, afirmando que su plan es llevar a cabo la mayor deportación masiva de la historia y sellar la frontera. Este mensaje atrajo a una base de la población que ve en la inmigración una amenaza a su cultura y su seguridad económica.
Por otro lado, su narrativa económica fue un factor decisivo en su éxito. A pesar del crecimiento económico a nivel macro, la percepción de muchos estadounidenses es que la economía personal se ha deteriorado: el alto costo de la vivienda, la inflación y el precio de los productos básicos son preocupaciones constantes para millones de familias. Según la teoría del “voto con el bolsillo”, los ciudadanos tienden a votar según su percepción de la economía personal. Trump supo interpretar este descontento y lo transformó en un mensaje de rescate económico, presentándose como la única opción para “hacer a América grande de nuevo”.
La sorpresa del electorado latino y afroamericano
Un dato que ha llamado la atención en este proceso electoral es el crecimiento de la votación de Trump entre grupos que históricamente han sido fieles al Partido Demócrata. Durante su campaña, logró un respaldo sin precedentes de latinos y afroamericanos, dos grupos que durante décadas han apoyado a los demócratas.
El éxito de Trump en estos sectores se debe, en parte, a su capacidad para apelar a preocupaciones económicas y a un mensaje de recuperación nacional que resuena con aquellos que consideran que el gobierno no ha respondido a sus necesidades. Los analistas sugieren que su victoria entre latinos y afroamericanos refleja una tendencia de hartazgo hacia el sistema y una búsqueda de alternativas que ofrezcan cambios tangibles, aunque vengan de una figura tan polémica como Trump.
Una campaña agresiva en los estados clave
Trump mostró una estrategia calculada al enfocarse en los estados de mayoría inestable, aquellos que históricamente han definido la elección presidencial. Ganó en las siete entidades donde la balanza podía inclinarse hacia cualquiera de los partidos, y en el 90% de los condados mejoró su porcentaje de votos respecto a 2020. Su estrategia fue particularmente efectiva en los estados clave, consolidando su margen de victoria con 295 votos en el Colegio Electoral, una mejora significativa en comparación con su desempeño en 2020.
La polarización como motor del triunfo de Trump
Uno de los aspectos más impactantes de la victoria de Trump es cómo su figura ha acentuado la polarización en la sociedad estadounidense. En lugar de buscar un mensaje unificador, optó por un discurso que atizó el miedo a la inmigración, el resentimiento hacia el sistema político y la nostalgia por una “América grande”. Este enfoque, aunque divisivo, demostró ser efectivo para movilizar a votantes que sienten que sus voces no son escuchadas y que ven en Trump a alguien dispuesto a desafiar las normas establecidas.
¿Qué sigue para Estados Unidos y el mundo?
El regreso de Trump no solo implica cambios en la política interna de Estados Unidos, sino que también tendrá repercusiones globales. En su primer mandato, Trump mostró una inclinación hacia el proteccionismo económico, aumentando los aranceles y renegociando tratados comerciales como el T-MEC. Ahora, con una economía mundial en recuperación y en medio de tensiones internacionales, su política proteccionista podría afectar las relaciones con países clave, entre ellos México y China.
Además, la política migratoria será una de sus primeras áreas de acción. La promesa de ejecutar una deportación masiva de migrantes plantea un desafío no solo para la política de Estados Unidos, sino también para México, que deberá prepararse para una posible afluencia de repatriados. En cuanto a su política exterior, es probable que Trump continúe con un enfoque nacionalista, reduciendo el apoyo a organizaciones internacionales y priorizando los intereses estadounidenses.
Un examen para la democracia estadounidense
La reelección de Trump plantea un examen difícil para la democracia estadounidense. Su regreso al poder muestra que una parte significativa de la sociedad respalda su estilo político, caracterizado por el enfrentamiento con la prensa, el rechazo a las normas políticas tradicionales y su disposición a desafiar las instituciones democráticas. Las instituciones y el sistema de contrapesos de Estados Unidos estarán sometidos a una prueba sin precedentes, enfrentando a un líder que se ha mostrado escéptico de las reglas que rigen el sistema.
El impacto de figuras disruptivas en la democracia es un tema de creciente relevancia a nivel mundial. En el caso de Estados Unidos, la figura de Trump desafía el equilibrio tradicional de poder y cuestiona la capacidad del sistema para resistir a líderes con tendencias autoritarias. Si bien el sistema democrático ha sobrevivido a periodos de alta tensión, la concentración de poder en una figura como Trump plantea dudas sobre la capacidad de las instituciones para proteger los derechos y las libertades individuales.
Conclusión: Trump y la redefinición del panorama político
El regreso de Donald Trump marca un nuevo capítulo para la política de Estados Unidos y redefine las expectativas para el futuro de la democracia en el país. Con una campaña basada en el miedo a la inmigración y la promesa de rescatar la economía, ha logrado movilizar a millones de votantes y atraer a sectores tradicionalmente demócratas. Si bien su enfoque polarizador podría generar conflictos internos y externos, lo cierto es que Trump ha demostrado tener una conexión única con un amplio sector del electorado.
A nivel mundial, el triunfo de Trump es una señal de que las tendencias autoritarias y los discursos nacionalistas siguen resonando en muchas democracias. La sociedad estadounidense y sus instituciones enfrentan ahora el reto de adaptarse a un liderazgo que cuestiona el status quo y redefine las reglas del juego. La historia dirá si el sistema democrático estadounidense es capaz de resistir a las presiones que supone el regreso de una figura como Trump y si el legado de su liderazgo será visto como un momento de cambio positivo o como una advertencia de los peligros de la polarización extrema.
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