La cumbre anual de la ASEAN en Vientián, Laos, se ha transformado en el epicentro de una confrontación directa entre Estados Unidos y China, con acusaciones cruzadas que exponen la profunda fractura geopolítica que definirá el futuro de Asia y la estabilidad global.
La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), concebida como un foro para la cooperación y la diplomacia regional, es hoy el escenario de una lucha de poder sin precedentes. Lo que debía ser una cumbre centrada en los desafíos internos del bloque, como la guerra civil en Myanmar, se ha visto eclipsado por un duro enfrentamiento verbal entre las dos mayores potencias del mundo, dejando a las naciones más pequeñas en una encrucijada estratégica de la que no pueden escapar.
El desafío de Washington: “Actividades peligrosas e ilegales”
La tensión escaló cuando el Secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, tomó la palabra. En un mensaje directo y sin rodeos, expresó la profunda preocupación de Washington por las «actividades cada vez más peligrosas e ilegales de China en el Mar de China Meridional». Blinken no se limitó a una condena general; hizo referencia a incidentes específicos que han elevado la temperatura en la región, incluyendo enfrentamientos violentos que han «herido a personas y dañado embarcaciones de naciones de la ASEAN».
El jefe de la diplomacia estadounidense reafirmó el compromiso de su país con la defensa de sus aliados, advirtiendo que Estados Unidos está obligado a proteger a Filipinas —su aliado por tratado más antiguo en Asia— si sus fuerzas, barcos o aviones son atacados. Además, Blinken prometió que Washington continuará defendiendo la libertad de navegación y sobrevuelo en el Indo-Pacífico y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán, posicionando a EE.UU. como el garante del derecho internacional frente a lo que describe como la agresión de Pekín.
La respuesta de Pekín: “La Culpa es de los Agitadores Externos”
La respuesta de China fue inmediata y contundente. Un portavoz del gobierno en Pekín condenó las declaraciones de Blinken, calificándolas de infundadas y culpando directamente a Estados Unidos y a otros «países no regionales» de la inestabilidad. Según la narrativa china, el «creciente despliegue y actividades militares en el Mar de China Meridional por parte de EE.UU.» es la verdadera fuente de tensión, acusando a Washington de «avivar la confrontación».
Pekín defiende sus acciones como medidas necesarias para proteger su soberanía sobre aguas que reclama casi en su totalidad, a pesar de un fallo internacional de 2016 que desestimó dichas reclamaciones.
La Encrucijada de la ASEAN: Entre el Socio Económico y el Garante de Seguridad
Atrapados en medio de este fuego cruzado, los 10 miembros de la ASEAN se enfrentan a un dilema que pone a prueba la credibilidad y unidad del bloque. Por un lado, China es su mayor socio comercial y el tercer mayor inversor, con un área de libre comercio que abarca un mercado de 2 mil millones de personas. Una confrontación directa con Pekín sería económicamente devastadora.
Por otro lado, la creciente asertividad militar de China genera un profundo temor. El presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., se quejó ante los líderes de la cumbre de que su país «sigue siendo objeto de acoso e intimidación» por parte de China. Vietnam también ha denunciado agresiones a sus pescadores. Esta realidad obliga a las naciones de la ASEAN a depender de la presencia militar de EE.UU. como contrapeso.
Esta cumbre ha dejado en evidencia que la «competencia entre grandes potencias» ya no es un concepto abstracto. Ha forzado a las naciones del sudeste asiático a una elección estratégica entre su principal socio económico y su principal garante de seguridad, revelando las profundas fracturas dentro de la ASEAN y su lucha por mantener la relevancia en un orden regional cada vez más bipolar. La cumbre no se recordará por lo que se resolvió, sino por las tensiones no resueltas que dejó al descubierto, sentando las bases para un futuro de mayor incertidumbre.


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