El segundo asalto de EEUU-Israel a Irán ya no es una hipótesis marginal ni una especulación alarmista. Es una posibilidad estratégica que empieza a tomar forma en un escenario donde el régimen de los ayatolás sobrevive, pero lo hace en estado de descomposición avanzada. Irán continúa en pie, sí, pero ya no ofrece un proyecto político, económico o social viable: solo represión, martirio y una narrativa ideológica cada vez más desconectada de su propia población.
Desde las calles de Teherán hasta los pasillos de Washington y Tel Aviv, la sensación es compartida: el régimen iraní ha entrado en una fase terminal que puede durar meses o incluso años, pero que difícilmente revierta su deterioro estructural.
El desgaste interno que acelera el escenario militar
Nunca antes el régimen había enfrentado protestas tan amplias y transversales. A los tradicionales sectores reformistas, estudiantes y mujeres jóvenes que rechazan la discriminación religiosa, se han sumado trabajadores golpeados por la inflación, la corrupción sistémica y el colapso de los servicios básicos. Teherán, símbolo del poder persa, estuvo al borde de quedarse sin agua, una imagen impensable para una capital imperial.
Este deterioro no es solo consecuencia de las sanciones internacionales, sino del uso sistemático de recursos nacionales para exportar la yihad regional, financiar proxis armados y sostener una política exterior agresiva que hoy le pasa factura al propio Irán.
El precedente militar que lo cambió todo
La llamada Guerra de los 12 Días marcó un punto de quiebre. Israel no solo neutralizó a Hamas y Hezbolá, sino que demostró una capacidad quirúrgica para golpear al corazón del aparato militar iraní. El Mossad exhibió inteligencia de primer nivel y el régimen quedó expuesto: incapaz de proteger su espacio aéreo, a su alto mando y al núcleo de su programa nuclear.
Ese antecedente explica por qué el segundo asalto de EEUU-Israel a Irán se analiza ahora bajo una lógica distinta. Ya no se trata de disuasión, sino de cálculo de consecuencias.
¿Por qué los países árabes piden cautela?
Paradójicamente, tanto Israel como varios países árabes sunitas han recomendado prudencia a Donald Trump. No por simpatía hacia los ayatolás, sino por temor al vacío de poder. El “día después” preocupa más que el ataque en sí.
La experiencia de Libia, Irak y Afganistán pesa. Derribar un régimen es relativamente sencillo; evitar el caos posterior, no. En Irán no existe hoy una oposición organizada capaz de tomar el control del país ni una figura que articule una transición clara.
El factor Trump y la presión internacional
Donald Trump se ha colocado en una posición compleja. Sus declaraciones en defensa de los manifestantes reprimidos lo obligan moral y políticamente a actuar. El traslado de activos militares a la región, las advertencias a ciudadanos estadounidenses y el monitoreo de las finanzas de la élite iraní refuerzan la percepción de inminencia.
Según filtraciones recogidas por medios estadounidenses, Trump solo aprobaría una acción militar si garantiza un golpe rápido, decisivo y limitado, evitando una ocupación prolongada.
Un régimen acorralado y peligroso
Aquí radica el mayor riesgo. El régimen iraní ya no actúa desde la arrogancia, sino desde el miedo. Y un poder que teme perderlo todo es capaz de decisiones desesperadas: ataques limitados contra población civil, uso de drones o incluso amenazas químicas o biológicas.
Aunque militarmente debilitado, Irán conserva capacidades asimétricas suficientes para generar caos regional, afectando a Israel, bases estadounidenses y países árabes aliados.
El silencio incómodo de Occidente
Uno de los elementos más llamativos es la reacción internacional. Grandes universidades, ONG de derechos humanos, movimientos feministas y figuras de Hollywood que se movilizan por otras causas han guardado silencio frente a la represión masiva en Irán. No hubo flotillas, ni campañas globales, ni un movimiento “Free Iran” para las mujeres asesinadas por la Policía de la Moral.
Ese doble estándar ha erosionado la credibilidad moral de muchos actores occidentales.
¿Hacia dónde conduce este escenario?
El segundo asalto de EEUU-Israel a Irán no resolvería por sí solo el conflicto regional, pero podría marcar el fin efectivo de la revolución islámica como proyecto expansivo. Incluso si los ayatolás sobreviven, lo harían como un poder disminuido, aislado y sostenido únicamente por la fuerza.
Irán, una civilización milenaria, sigue secuestrada por un extremismo que ha agotado sus recursos y su legitimidad. El desenlace aún es incierto, pero lo que parece claro es que el tablero de Medio Oriente ya se está moviendo hacia una confrontación final.
Y cuando el silencio informativo precede al colapso de las comunicaciones, la historia suele estar a punto de repetirse. El segundo asalto de EEUU-Israel a Irán podría no ser una pregunta, sino una cuenta regresiva.


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