El gobierno de India ha señalado un endurecimiento significativo de su política hacia China, abandonando su tradicional llamado a una «pronta resolución» para exigir ahora una «solución permanente» a la larga disputa fronteriza. Este cambio de lenguaje indica una nueva era de asertividad en el tenso enfrentamiento del Himalaya.
En el ajedrez de la alta diplomacia, un cambio de palabra puede anunciar un terremoto estratégico. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en la relación entre India y China. Tras una reunión clave entre los ministros de defensa de ambos países, la nueva retórica de Nueva Delhi revela que la paciencia de India se ha agotado.
Durante años, la postura oficial de India se centró en pedir una «pronta resolución» de las tensiones en la frontera. Era un lenguaje pasivo, que expresaba esperanza en el diálogo. Sin embargo, en su reciente encuentro con su homólogo chino, el Ministro de Defensa indio, Rajnath Singh, introdujo una nueva frase en el léxico: la necesidad de una «solución permanente» a través de una «hoja de ruta estructurada» para la demarcación de la frontera.
Este cambio de «pronta» a «permanente» es fundamental. Señala que India ya no está dispuesta a aceptar soluciones temporales, acuerdos de desescalada parciales o un proceso de negociación interminable que, desde su perspectiva, solo ha servido para que China consolide sus posiciones y continúe con su estrategia de ganancias territoriales incrementales.
Reconstruir la confianza con hechos, no con palabras
La nueva demanda de India está directamente ligada al profundo «déficit de confianza» que se generó tras los mortales enfrentamientos en el Valle de Galwan en 2020. El mensaje de Singh es inequívoco: la confianza solo puede reconstruirse mediante «acciones sobre el terreno», es decir, una retirada verificable de las tropas chinas de las áreas en disputa y un compromiso serio con la demarcación final de la frontera.
Esta postura traslada la responsabilidad directamente a Pekín. Ya no es India la que debe ser paciente, sino China la que debe demostrar con hechos sus intenciones pacíficas.
Este endurecimiento diplomático es la culminación de una reevaluación estratégica por parte de India. El incidente de Galwan fue una dura lección que demostró que China solo respeta la fuerza. En respuesta, India no solo ha igualado el despliegue militar chino en la frontera, sino que ha acelerado masivamente la construcción de carreteras, túneles y bases para mejorar su capacidad logística y de combate en el difícil terreno del Himalaya.
Paralelamente, ha fortalecido sus alianzas con otras potencias preocupadas por el ascenso de China, principalmente a través del Quad (EE.UU., Japón, Australia). La nueva postura diplomática es, por tanto, el reflejo de una nueva confianza militar y estratégica. India está señalando que está preparada para un largo pulso y que el costo de mantener el status quo seguirá aumentando para China. Es un intento de romper el estancamiento y forzar una resolución en términos que salvaguarden su integridad territorial.


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