miércoles, febrero 4, 2026

Satélites rusos interceptan comunicaciones y elevan la alarma en Europa

Satélites rusos habrían interceptado comunicaciones clave de Europa, exponiendo una vulnerabilidad estratégica en redes espaciales civiles y militares.

Satélites rusos. Así describen ahora los analistas de seguridad europeos a una amenaza que no emite sonido, no deja cráteres visibles y ocurre a 35.000 kilómetros sobre la Tierra. Durante al menos tres años, dispositivos espaciales rusos habrían seguido, vigilado e interceptado comunicaciones de satélites clave que prestan servicio a Europa, África y Oriente Medio, según reveló una investigación del Financial Times.

Las autoridades europeas creen que dos vehículos espaciales rusos, identificados como Luch-1 y Luch-2, realizaron maniobras prolongadas de aproximación a satélites geoestacionarios occidentales, situándose en posiciones estratégicas para interceptar señales sensibles. No se trata de ciencia ficción ni de hipótesis remotas: los datos orbitales y observaciones terrestres confirman un patrón de vigilancia sistemática.

Qué buscan los satélites rusos en órbita europea

El objetivo principal de los satélites rusos sería la inteligencia de señales. Al colocarse dentro del estrecho cono de transmisión entre los satélites europeos y sus estaciones terrestres, los dispositivos rusos pueden captar información crítica que, en muchos casos, no está cifrada con estándares modernos.

Esto incluye datos del llamado “enlace de mando”, el canal que permite a los operadores controlar la posición y orientación de los satélites. Según expertos militares europeos, la interceptación de estos datos podría permitir, en un escenario extremo, enviar órdenes falsas para alterar trayectorias, provocar desalineaciones o incluso generar colisiones en órbita.

Luch-1 y Luch-2: vigilancia persistente en el espacio

Desde el lanzamiento de Luch-2 en 2023, el comportamiento de los satélites rusos se volvió más agresivo. De acuerdo con el general de división Michael Traut, jefe del comando espacial militar alemán, ambos vehículos se dedican activamente a misiones de inteligencia, manteniéndose durante semanas —e incluso meses— junto a satélites occidentales.

Datos de la empresa Slingshot Aerospace indican que Luch-2 ha vigilado al menos 17 satélites europeos, muchos de ellos pertenecientes a operadores vinculados a países de la OTAN. Actualmente, permanece cerca de Intelsat 39, un satélite de gran tamaño que gestiona comunicaciones civiles, gubernamentales y comerciales.

Satélites rusos y guerra híbrida en expansión

Este tipo de operaciones no ocurre en el vacío geopolítico. Las maniobras espaciales se suman a otras acciones atribuidas a Rusia dentro del concepto de guerra híbrida, como el sabotaje de cables submarinos de internet y energía en Europa.

Para las autoridades de defensa, el mensaje es claro: el espacio se ha convertido en un nuevo frente estratégico. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, advirtió que las redes satelitales representan uno de los puntos más vulnerables de las sociedades modernas, ya que un ataque coordinado podría paralizar comunicaciones, navegación, servicios financieros y sistemas militares.

Por qué los satélites civiles también son un objetivo

Aunque muchos de los satélites observados cumplen funciones civiles, como televisión por satélite o conectividad regional, también transportan comunicaciones gubernamentales y militares sensibles. Esta dualidad los convierte en blancos ideales para el espionaje.

Analistas citados por el Financial Times advierten que, incluso si los satélites rusos no pueden destruir físicamente a otros dispositivos, la información recopilada permite mapear redes, identificar terminales terrestres y preparar futuros ataques desde tierra o desde el espacio.

Una carrera espacial cada vez más tensa

Si bien Estados Unidos y China poseen tecnologías similares, expertos coinciden en que Rusia ha demostrado una actitud más directa y persistente en el uso de satélites espía. En el último año, Moscú lanzó nuevos dispositivos, como Cosmos 2589 y Cosmos 2590, con capacidades maniobrables avanzadas, reforzando su presencia en la órbita geoestacionaria.

Cosmos 2589, por ejemplo, se dirige actualmente hacia una órbita a 35.000 kilómetros de la Tierra, el mismo entorno donde se concentran los satélites de comunicaciones más críticos del planeta.

El riesgo real para Europa

Aunque los servicios de inteligencia europeos consideran poco probable un ataque inmediato, la recopilación sistemática de datos representa una amenaza a largo plazo. Con suficiente información, un actor hostil podría interferir comunicaciones, degradar servicios o ejecutar operaciones de sabotaje coordinadas.

El posible deterioro de Luch-1, que habría sufrido una fuga de gas y una fragmentación parcial, no reduce la preocupación. Según expertos, incluso un satélite dañado puede seguir recopilando información valiosa mientras permanece en órbita.

Satélites rusos y el futuro de la seguridad espacial

El caso de los satélites rusos pone de relieve una realidad incómoda: la infraestructura espacial europea fue diseñada para una era menos hostil. Hoy, el espacio ya no es solo un entorno científico o comercial, sino un campo de disputa estratégica.

La vigilancia orbital constante, la ausencia de normas claras y la creciente militarización del espacio obligan a Europa a replantear su seguridad más allá de la Tierra. Los satélites rusos ya no son simples observadores: son actores clave en una nueva fase del conflicto global.

Unidad de Investigación
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Equipo de periodismo de profundidad dedicado a la cobertura de seguridad, justicia y derechos humanos. Comprometidos con la verificación de datos y la exposición de hechos de alto impacto social
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