El amanecer en el mar de Japón fue distinto. A lo lejos, un resplandor en el horizonte marcaba el inicio de una maniobra que ya genera titulares en todo el mundo: Rusia lanzó varios misiles de crucero, entre ellos los temidos Kalibr y Uran, desde la fragata Shaposhnikov, en ejercicios militares que también involucraron drones y apoyo aéreo.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó que los objetivos fueron alcanzados con éxito, y difundió imágenes del lanzamiento como prueba de fuerza en medio de la guerra en Ucrania.
Rusia muestra músculo militar en el Pacífico
Las maniobras forman parte de los ejercicios regulares de la flota del Pacífico, aunque expertos señalan que el mensaje va más allá: es una advertencia tanto para Japón como para Estados Unidos y la OTAN, quienes han intensificado el diálogo de seguridad en Asia.
Los misiles Kalibr han sido utilizados en el conflicto ucraniano, capaces de alcanzar objetivos a más de 2,000 kilómetros. Por su parte, los Uran están diseñados para impactar buques enemigos en aguas abiertas.
El despliegue en el mar del Este (nombre con el que Japón denomina esta región) es visto como un intento de Moscú de reafirmar su presencia estratégica en un escenario donde China también juega un papel clave.
Japón y su dilema constitucional
La reacción en Tokio no tardó. El primer ministro Shigeru Ishiba declaró que Japón analiza qué papel desempeñará en las garantías de seguridad para Ucrania, en coordinación con Estados Unidos y la OTAN.
Sin embargo, el país enfrenta un dilema: su Constitución de 1947 limita el uso de la fuerza únicamente a la autodefensa. Esto restringe su capacidad de respuesta en operaciones militares internacionales.
Aun así, Japón ha participado en misiones de paz y antipiratería, pero cualquier paso adicional implica un debate político interno sobre el papel de sus Fuerzas de Autodefensa.
Un tablero global en movimiento
La guerra en Ucrania ha acelerado la redefinición de alianzas. Mientras Rusia muestra su poderío naval en Asia, la OTAN busca socios estratégicos en la región, y Japón, pese a sus limitaciones, ya es parte de las conversaciones para blindar a Kiev frente a futuras agresiones.
Los analistas coinciden: estos lanzamientos no solo buscan probar armamento, sino enviar un mensaje político. Rusia quiere recordar al mundo que sigue siendo una potencia militar capaz de proyectar fuerza en múltiples frentes.


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