La decisión de Vladimir Putin de retirar a Rusia de la Convención Europea para la Prevención de la Tortura marca un nuevo episodio en la ruptura con Occidente. La firma de la ley, anunciada desde el Kremlin, simboliza la desvinculación de Moscú de uno de los últimos lazos jurídicos con el Consejo de Europa, del que fue expulsado en 2022 tras la invasión a Ucrania.
La convención, firmada en 1987, fue creada para garantizar los derechos de las personas privadas de libertad, permitiendo visitas independientes a cárceles y centros de detención. Rusia ingresó en 1996, pero ahora abandona formalmente el acuerdo, dejando vacíos en la supervisión internacional.
El discurso oficial del Kremlin
El Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Justicia ruso han insistido en que la salida no afectará a los ciudadanos. Según la viceministra Elena Ardabieva, Rusia seguirá participando en otros tratados internacionales que prohíben la tortura.
Sin embargo, el presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, acusó al Consejo de Europa de “discriminación” y de bloquear el nombramiento de representantes rusos desde 2023. Moscú argumenta que la desvinculación es consecuencia directa de su aislamiento tras la guerra en Ucrania.
Las denuncias internacionales crecen
Mientras Moscú asegura que mantendrá su compromiso con los derechos humanos, organismos internacionales alertan sobre un panorama muy distinto. Dos relatores de la ONU advirtieron que la salida del tratado levanta “señales de alerta sobre lo que ocurre tras las rejas” en las prisiones rusas.
La OSCE fue más contundente: acusó a Rusia de cometer “violaciones generalizadas y sistemáticas” del derecho internacional en el trato a prisioneros de guerra ucranianos, incluyendo asesinatos arbitrarios. Un informe de la oficina de derechos humanos de la ONU también documentó patrones consistentes de tortura y malos tratos contra civiles detenidos.
Contexto político y simbólico
La salida de Rusia no es solo legal, sino profundamente política. Representa la consolidación de un camino de aislamiento internacional, en el que Moscú apuesta por desvincularse de los mecanismos europeos de vigilancia mientras mantiene un relato interno de soberanía frente a Occidente.
Sin embargo, para organizaciones de derechos humanos, la decisión refuerza la opacidad sobre lo que ocurre en cárceles y centros de detención rusos. La ausencia de supervisión independiente podría abrir la puerta a más violaciones de los derechos fundamentales.
Un futuro de mayor tensión
El quiebre entre Rusia y Europa parece definitivo. En paralelo a la guerra en Ucrania, que ya acumula múltiples condenas por violaciones humanitarias, Moscú se distancia cada vez más de las instituciones internacionales.
La retirada de la convención contra la tortura es, para muchos analistas, una señal preocupante de lo que podría venir: más denuncias, menos transparencia y una Rusia aún más aislada del sistema multilateral.


TE PODRÍA INTERESAR