El nuevo presidente rumano enfrenta el reto de la estabilidad económica y política, con la sombra de la interferencia rusa y el auge de la ultraderecha como telón de fondo en un país clave para la UE
Nicușor Dan ha sido investido presidente de Rumanía este lunes 26 de mayo de 2025, en un momento crítico para la nación del este europeo. Su llegada al poder, tras unas elecciones marcadas por denuncias de interferencia extranjera, plantea un complejo escenario donde deberá buscar la estabilidad gubernamental, afrontar serios problemas económicos y restaurar la confianza ciudadana en las instituciones democráticas, todo ello mientras la ultraderecha gana terreno en la región.
Bucarest ha sido testigo hoy de la toma de posesión de Nicușor Dan como nuevo presidente de Rumanía, un evento que marca un potencial punto de inflexión para el país en un contexto geopolítico y económico de alta tensión. Dan, exalcalde de Bucarest y conocido por su postura proeuropea, se enfrenta a la monumental tarea de liderar una nación de 19 millones de habitantes que lidia con una crisis de déficit presupuestario, el riesgo de rebajas en su calificación crediticia y una palpable pérdida de fe en la democracia, exacerbada por la anulación de las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 debido a la «probable interferencia rusa».
Los desafíos inmediatos: Gobierno, economía y democracia
Desde el primer día, la agenda de Dan estará dominada por la necesidad de formar un gobierno estable. Ha manifestado su intención de colaborar con los partidos proeuropeos del parlamento, aunque el Partido Socialdemócrata (PSD), el más grande entre ellos, sopesa un papel opositor. La figura del respetado presidente interino, Ilie Bolojan, suena como posible primer ministro, con la prioridad de reducir el déficit fiscal al 7.5% del PIB. Lograrlo con un gobierno minoritario, si el PSD no se suma, será un reto mayúsculo que podría generar nerviosismo en los inversores.
La situación económica es delicada. Rumanía se encuentra bajo un procedimiento de déficit excesivo de la UE y enfrenta serios problemas de confianza en los mercados. Elena Calistru, de la ONG Funky Citizens, ha señalado que Dan debe «usar su recién adquirido capital político para facilitar reformas fiscales difíciles a través de un equipo económico coherente».
Paralelamente, restaurar la fe en la democracia es quizás el desafío más profundo. La anulación de las elecciones de 2024, donde el candidato ultranacionalista y prorruso Calin Georgescu (apoyado por George Simion, líder del partido AUR) obtuvo una sorpresiva victoria en primera ronda, dejó cicatrices. Las elecciones de mayo de 2025, que llevaron a Dan a la presidencia tras vencer a Simion en segunda vuelta, también estuvieron empañadas por nuevas denuncias de campañas de desinformación vinculadas a Moscú a través de plataformas como Telegram. Dan ha prometido abordar la corrupción, nombrar jueces y fiscales robustos y romper el control de los partidos tradicionales sobre la política.
«Existe una presión de la sociedad sobre la vieja clase política para que reforme su forma de operar tras años de fracaso. Creo que han entendido que tienen que cambiar cosas importantes,» declaró Nicușor Dan a POLITICO.
El contrapeso de la extrema derecha y la sombra rusa
La victoria de Dan es significativa precisamente por el contexto en el que se produce. Su principal rival, George Simion, líder del partido ultranacionalista AUR, representa una corriente que aboga por cesar la ayuda rumana a Ucrania y por una expansión territorial, políticas que se alinearían con los objetivos del Kremlin. Simion, quien ha calificado la anulación de las elecciones de 2024 como un «golpe de Estado», sigue manteniendo su apoyo a Calin Georgescu, e incluso ha sugerido que podría nombrarlo primer ministro si las circunstancias lo permitieran.
Esta dinámica pone de relieve una tensión crítica que recorre Europa: la lucha por mantener la estabilidad democrática y la cohesión pro-europea frente al ascenso de movimientos de extrema derecha, a menudo con posturas euroescépticas o prorrusas, y la amenaza persistente de interferencia extranjera. La situación en Rumanía, con acusaciones directas de injerencia rusa en sus procesos electorales, es un caso paradigmático. La capacidad de la UE para asegurar la resiliencia democrática de sus estados miembros es un factor crucial para su propia estabilidad y proyección exterior. Iniciativas como el «Democracy Shield» que prepara la Comisión Europea son una muestra de la conciencia de este riesgo a nivel continental.
El papel de Rumanía en Europa
Con una posición estratégica en el Mar Negro, frontera con Ucrania y albergando lo que pronto será la mayor base europea de la OTAN, Rumanía es un socio vital para Occidente. Dan ha expresado su deseo de que el país juegue un papel más «activo» en los asuntos de la UE, incluyendo la negociación del presupuesto plurianual del bloque. Su firme apoyo a la continuidad de la ayuda a Ucrania y al fortalecimiento de las capacidades de defensa autónomas de la UE contrasta fuertemente con las posturas de sus oponentes políticos y es bien recibido en Bruselas.
Analistas como Oana Popescu-Zamfir del European Council on Foreign Relations sostienen que Rumanía, como un gran estado miembro, debería tener una «voz más fuerte» y abogar por la unidad europea, especialmente cuando el apoyo de EE.UU. es incierto y la victoria de Ucrania es vista como un asunto existencial para Bucarest.
El mandato de Nicușor Dan será, por tanto, una prueba de fuego no solo para Rumanía sino también para la capacidad de las fuerzas proeuropeas de la región para navegar en aguas turbulentas, defender la integridad democrática y contribuir a la seguridad y estabilidad del continente.


TE PODRÍA INTERESAR