Jaque al Campo: Gobierno de Milei restablece retenciones a soja y maíz, reavivando un conflicto histórico por la riqueza Argentina
En una medida que resuena con los ecos de históricos enfrentamientos entre el poder político y el sector productivo, el gobierno de Javier Milei ha decidido poner fin a la rebaja de los derechos de exportación para los principales cultivos del país. A través del decreto 439/2025, publicado en el Boletín Oficial, a partir del 1 de julio se restablecerán las alícuotas de retenciones para la soja, el maíz, el sorgo y el girasol, una decisión que, si bien busca apuntalar las arcas del Estado, reaviva una de las tensiones más profundas de la economía argentina.
La medida se enmarca en el objetivo primordial y casi dogmático de la actual administración: alcanzar el déficit cero y fortalecer las reservas del Banco Central a toda costa. Sin embargo, esta decisión pragmática choca frontalmente con la ideología libertaria del presidente y enfrenta la imperiosa necesidad fiscal del Estado con la rentabilidad y la capacidad de inversión del motor productivo y exportador más dinámico de Argentina.
El Decreto en Detalle: Qué Cambia y Para Quién
La nueva normativa establece un esquema diferenciado. Mientras que se prorroga el beneficio para los cultivos de invierno como el trigo y la cebada, los de verano enfrentarán una mayor carga impositiva. La decisión, en la práctica, significa un aumento del impuesto para la mayor parte del volumen de exportación agrícola del país.
El impacto de la medida puede resumirse de la siguiente manera:
| Cultivo | Alícuota Anterior | Nueva Alícuota (desde 1/Jul/2025) | Fuente |
|—|—|—|—|
| Soja | 26% | 33% | |
| Maíz | 9.5% | 12% | |
| Sorgo | 9.5% | 12% | |
| Girasol | 5.5% | 7% | |
| Trigo | 9.5% | 9.5% (Prorrogado hasta marzo 2026) | |
| Cebada | 9.5% | 9.5% (Prorrogado hasta marzo 2026) | |
La prórroga del beneficio para el trigo y la cebada hasta marzo de 2026 funciona como una concesión clave y un gesto hacia los productores de estos cereales, pero el golpe principal recae sobre el complejo sojero y maicero, las joyas de la corona de la agroexportación argentina.
La Reacción del Agro: «Vuelven a Cambiar las Reglas del Juego»
La respuesta del sector agropecuario no se hizo esperar y osciló entre la resignación y la crítica abierta. La queja principal, repetida por diversas entidades, es la falta de previsibilidad. «Vuelven a cambiar las reglas del juego lamentablemente», fue una de las frases que resumió el sentir de muchos productores. Desde las confederaciones rurales advirtieron que la medida desincentiva la inversión en tecnología, reduce la competitividad internacional de los granos argentinos y, en los casos más extremos, podría dejar a los productores con márgenes más ajustados fuera de la actividad.
La demanda por «reglas claras y duraderas» es un reclamo histórico del sector, que se siente nuevamente víctima de las urgencias fiscales del gobierno de turno. A esta tensión se le añade una capa de cálculo político: la Sociedad Rural Argentina (SRA), una de las entidades más poderosas, adoptó una postura pública más cautelosa, consciente de la presión que significa recibir al presidente Milei en pocos días en la pista central de su tradicional exposición anual en Palermo, un evento que es un termómetro de la relación entre el campo y el poder.
Más Allá de las Retenciones: Un Modelo en Disputa
El debate, sin embargo, trasciende la alícuota de un impuesto. Lo que se pone en juego es, una vez más, el modelo de desarrollo del país y el rol del campo en él. Las gremiales agrarias insisten en que las retenciones son un «impuesto distorsivo» y «confiscatorio» que penaliza la eficiencia y la exportación, generando además una profunda desigualdad entre las regiones productivas y el poder central.
Esta medida se suma a una lista de reclamos del sector, que incluyen la eliminación de otros tributos considerados distorsivos como el impuesto a los Ingresos Brutos, una demanda que también cuenta con el respaldo de varios gobernadores provinciales que ven cómo la producción en sus territorios es gravada para financiar el gasto nacional. La decisión del gobierno de Milei, por tanto, no solo genera tensión con los productores, sino también con los poderes provinciales.
Una Tensión que Define a Argentina
La decisión del gobierno, aunque fiscalmente lógica desde la perspectiva de la urgencia de la caja, reabre una de las grietas más profundas y persistentes de la economía y la política argentina. Se trata de una contradicción fundamental para un gobierno de ideología libertaria, que aboga por la mínima intervención estatal pero recurre a una de las herramientas más intervencionistas del manual económico para lograr sus metas.
Este pragmatismo fiscal, que se impone sobre la pureza ideológica, podría ser una estrategia de «pan para hoy, hambre para mañana». Si bien el aumento de retenciones provee un alivio inmediato a las cuentas públicas, arriesga la futura generación de divisas al desincentivar la siembra y la inversión en tecnología que el país necesita para un crecimiento sostenible. El resultado de esta nueva pulseada entre la «caja» del Estado y la «inversión» del campo será determinante, no solo para el éxito del plan de estabilización, sino para el futuro productivo de Argentina.


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