La represión en Venezuela escala: detienen a Rodrigo Cabezas, exministro de Finanzas de Hugo Chávez, y a otros tres analistas. Nadie está a salvo.
En una alarmante escalada de la represión, el gobierno de Nicolás Maduro ha detenido a Rodrigo Cabezas, quien fuera ministro de Finanzas del fallecido presidente Hugo Chávez, junto a otros tres analistas económicos. La acción, condenada por un amplio espectro político, evidencia que la persecución ahora apunta a la disidencia dentro del propio chavismo.
La purga en Venezuela ha alcanzado a sus propias filas. Rodrigo Cabezas, un respetado economista que se desempeñó como ministro de Finanzas entre 2007 y 2008 bajo el mandato de Hugo Chávez, fue detenido por agentes de seguridad en la ciudad de Maracaibo. Junto a él, fueron arrestados otros tres analistas económicos, de quienes no se ha revelado la identidad.
La detención se produjo en un marco de total arbitrariedad. Según denuncias de sus familiares y organizaciones de derechos humanos, no se presentó una orden judicial y, tras su traslado a Caracas, se desconoce su paradero exacto y los cargos que se le imputan. Este patrón de acción es calificado por organismos internacionales como una desaparición forzada temporal, una táctica sistemática de intimidación del régimen.
La Economía como Crimen Político
La detención de un grupo de economistas, y no de políticos de la oposición tradicional, revela el verdadero temor del gobierno de Maduro: la crítica técnica y fundamentada. En un país sumido en una crisis económica crónica, con hiperinflación y cifras oficiales opacas, la mayor amenaza no es el discurso político, sino quien puede desnudar con datos la inviabilidad del modelo y proponer alternativas creíbles.
Rodrigo Cabezas, con su experiencia como exministro y su posterior postura crítica al modelo de Maduro, poseía esa credibilidad. Su arresto es un intento desesperado por silenciar el análisis económico, convirtiendo la discusión sobre la economía en un acto subversivo.
La Implosión del Chavismo
Este episodio es un síntoma inequívoco de la implosión del movimiento chavista. El madurismo ya no tolera ni la más mínima disidencia, ni siquiera la que proviene de sus propias raíces históricas. El arresto de una figura del «chavismo originario» demuestra que el proyecto político se ha alejado de sus bases ideológicas para convertirse en un sistema de poder personalista, sostenido únicamente por la lealtad incondicional y la represión.
La reacción ha sido contundente y transversal. La detención fue repudiada no solo por la oposición tradicional, como Henrique Capriles, sino también por exministros del propio Chávez y hasta por el Partido Comunista de Venezuela, que calificó el hecho como una muestra de «fascismo puro y duro».
«El gobierno está apresando a profesores de economía y a estudiosos de la materia. (…) La represión no cesa, en todas direcciones. Nadie está a salvo. Fascismo puro y duro.» – Sergio Sánchez, analista y disidente del chavismo.
Este «efecto espejo» de la represión, que unifica en su contra a actores políticos normalmente enfrentados, evidencia la radicalización y el aislamiento del núcleo gobernante en Venezuela. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, que documentan cientos de presos políticos en el país, observan con máxima preocupación esta nueva fase de la cacería de disidentes.
