El próximo 10 de enero de 2025, Nicolás Maduro realizará su juramento como presidente de Venezuela por tercera vez en la historia del país. Tras más de una década en el poder, su gobierno se ha caracterizado por la polarización interna y la presión internacional. La toma de posesión promete ser un evento simbólico en un clima de profunda división política, tanto a nivel nacional como global. Este acto representará el inicio de un nuevo periodo de seis años al frente de la nación, lo que ha generado tanto expectativas como críticas en los diferentes sectores de la sociedad venezolana y más allá de sus fronteras.
En su discurso más reciente, Maduro ha manifestado su confianza en el futuro del país y la necesidad de continuar con la “revolución bolivariana” que su difunto mentor, Hugo Chávez, comenzó. Para el presidente, el 2025 será un año de “más patria, más independencia y más revolución”, en un claro intento de consolidar su legado y fortalecer la narrativa del chavismo en Venezuela.
Sin embargo, este regreso al poder no está exento de controversias. Las elecciones presidenciales de 2024, en las que Maduro se enfrentó al opositor Edmundo González Urrutia, fueron calificadas por muchos como irregulares. Aunque el Consejo Nacional Electoral proclamó a Maduro como ganador, la oposición denunció un fraude electoral masivo, indicando que González Urrutia habría obtenido un 80% de los votos, lo cual nunca se comprobó. Este rechazo a los resultados por parte de la comunidad internacional ha puesto en duda la legitimidad de la victoria de Maduro, un tema recurrente durante sus anteriores mandatos.
El escenario político de Venezuela: entre las fuerzas armadas y la oposición
La toma de posesión de Maduro no será un evento sencillo. Las Fuerzas Armadas de Venezuela, que han sido uno de los pilares más firmes del gobierno, desempeñarán un papel destacado en la investidura. Según informes del ministro de Defensa, la responsabilidad de «cuidar los decretos de la soberanía popular» recaerá en los uniformados, lo que subraya el control que el poder militar ejerce sobre la política venezolana.
La oposición, por su parte, ha intensificado su lucha. Edmundo González Urrutia, quien se autoproclamó ganador de las elecciones, se encuentra en el exilio desde septiembre de 2024. No obstante, ha asegurado que regresará a Venezuela el mismo 10 de enero para asumir lo que considera su legítimo mandato. Esta situación genera incertidumbre, ya que existe una orden de aprehensión en su contra que podría ejecutarse tan pronto como pise suelo venezolano. La situación se complica aún más por las tensiones internas en la oposición, que sigue dividida sobre cómo enfrentar a Maduro.
Maduro en la historia de Venezuela
La figura de Nicolás Maduro ha sido polarizante. Su ascenso a la presidencia ocurrió en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez. Maduro fue elegido en unas elecciones que fueron ampliamente observadas por la comunidad internacional, con muchos países cuestionando su legitimidad debido a irregularidades en el proceso. En 2018, tras ser reelegido en unas elecciones también controvertidas, Maduro continuó su mandato en medio de una crisis económica, política y social que ha marcado los últimos años de su gobierno.
Ahora, con su tercer mandato, Maduro se enfrenta a retos aún mayores. La economía sigue en declive, la inflación alcanza niveles récord y la migración masiva de venezolanos ha dejado al país con un vacío demográfico preocupante. Además, las sanciones internacionales, principalmente de Estados Unidos y la Unión Europea, continúan presionando su gobierno.
La reacción internacional: desafíos y alianzas
A nivel internacional, el gobierno de Nicolás Maduro ha sido objeto de múltiples sanciones, que van desde restricciones financieras hasta la congelación de activos. Sin embargo, Maduro ha logrado mantener algunas alianzas clave, particularmente con países como Rusia, China, Irán y Turquía. Estas relaciones, en muchos casos, han ayudado a mitigar los efectos de las sanciones y han dado al gobierno de Maduro una base de apoyo que ha sido esencial para su permanencia en el poder.
La crítica internacional sigue siendo feroz, especialmente por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) y organismos de derechos humanos, que señalan la falta de libertades fundamentales en Venezuela y el encarcelamiento de opositores políticos. A pesar de estas críticas, Maduro ha logrado resistir la presión externa, manteniendo el control de las instituciones clave del país, como el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional.
¿Qué depara el futuro de Venezuela con Maduro?
A medida que se acerca el 10 de enero, la pregunta que queda en el aire es: ¿qué depara el futuro para Venezuela bajo el liderazgo de Nicolás Maduro? Con un tercer mandato asegurado, el presidente se enfrenta a una nación profundamente dividida, con una economía en ruinas y una sociedad que, aunque sigue apoyando a su gobierno en algunos sectores, se ve cada vez más dispuesta a buscar alternativas.
La estabilidad política de Venezuela dependerá de cómo Maduro maneje las tensiones internas, la recuperación económica y las presiones externas. Mientras tanto, el mundo observa con cautela, esperando que el país pueda encontrar un camino hacia la paz y la prosperidad tras más de dos décadas de conflictos y crisis.
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