En un intento desesperado por frenar una guerra que ya cumple más de tres años, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky propuso una cumbre inédita entre él, Donald Trump y Vladimir Putin. El objetivo: forzar un alto el fuego y abrir camino a negociaciones de paz. Pero el Kremlin, fiel a su postura inflexible, rechazó rotundamente la idea.
“Tal reunión debe ser el resultado de acuerdos concretos”, declaró Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin. El mensaje fue claro: no habrá fotos, ni apretones de mano simbólicos, hasta que el terreno esté preparado con pactos sólidos.
El fantasma del liderazgo ilegítimo
Para Putin, Zelensky no es más que un obstáculo. Ha insistido en que el presidente ucraniano no es un líder legítimo y ha dejado entrever que el único camino es su reemplazo. Mientras tanto, Trump juega a ser mediador, pero sin resultados tangibles. Desde Truth Social lanza advertencias, calificando a Putin de “loco” y asegurando que, sin su intervención previa, Rusia ya habría sufrido consecuencias “realmente malas”.
Pero en la práctica, ni Trump ha impuesto nuevas sanciones ni Moscú ha enviado el prometido memorándum con exigencias para un posible acuerdo de paz.
Bombardeos masivos y frustración diplomática
En paralelo a estas tensiones, el campo de batalla se intensifica. En una sola noche, Ucrania lanzó cerca de 300 drones sobre territorio ruso, obligando a cerrar los principales aeropuertos de Moscú. La respuesta rusa no se hizo esperar: más ataques, más soldados, más tensión.
Putin, mientras acumula tropas cerca de la región fronteriza de Sumy, asegura estar creando una “zona tampón” en territorio ucraniano. En Kiev, acusan a Moscú de dilatar el proceso de paz con tácticas de desgaste.
¿Y ahora qué? La paz se aleja
Las negociaciones directas entre Ucrania y Rusia en Estambul no arrojaron ningún resultado. Occidente, incluyendo a Estados Unidos y Alemania, sigue empujando por un alto el fuego, pero el Kremlin no cede. Las posibilidades de una nueva ronda de conversaciones están en el aire. Moscú no acepta al Vaticano como sede, y Ginebra aparece como alternativa, según fuentes ligadas a Trump.
El enviado del expresidente, Keith Kellogg, sugiere que aún hay “una enorme colección de matices que discutir”. Y mientras tanto, cada día más vidas se pierden y el territorio ucraniano se desangra.
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