UE aprueba la prohibición del gas ruso y acelera su ruptura energética

La Unión Europea convierte en ley la prohibición del gas ruso desde 2027, marcando un giro histórico en su estrategia energética y geopolítica.

UE aprueba la prohibición del gas ruso y acelera su ruptura energética
UE aprueba la prohibición del gas ruso y acelera su ruptura energética

La prohibición del gas ruso ya no es solo una promesa política: es una realidad jurídica. Este lunes, en Bruselas, la Unión Europea dio un paso definitivo al aprobar la ley que vetará las importaciones de gas procedente de Rusia antes de que termine 2027. La decisión marca uno de los cambios estratégicos más profundos en la política energética europea desde la creación del mercado común y redefine la relación del bloque con Moscú tras la invasión de Ucrania en 2022.

La votación contó con el respaldo mayoritario de los ministros de Energía de los Estados miembro, aunque Hungría y Eslovaquia se opusieron abiertamente. Budapest ya adelantó que recurrirá la norma ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, alegando vulnerabilidad en su abastecimiento. Aun así, la legislación fue diseñada para aprobarse por mayoría reforzada, lo que permitió superar el bloqueo de los países más dependientes del gas ruso.

Cómo se aplicará la prohibición del gas ruso en la UE

La nueva ley establece un calendario claro. La Unión Europea dejará de importar gas natural licuado (GNL) ruso a finales de 2026 y cesará completamente las compras de gas por gasoducto el 30 de septiembre de 2027. Existe una cláusula de flexibilidad que permitiría extender el plazo hasta el 1 de noviembre de 2027 si algún país demuestra dificultades reales para garantizar reservas suficientes antes del invierno.

Este mecanismo busca equilibrar seguridad energética y coherencia política. Bruselas es consciente de que no todos los Estados parten del mismo punto, pero considera que prolongar la dependencia del gas ruso supone un riesgo estratégico inasumible.

Europa y su antigua dependencia del gas ruso

Antes del estallido de la guerra en Ucrania, Rusia suministraba más del 40% del gas consumido en la Unión Europea. En 2021, las importaciones alcanzaban los 155.000 millones de metros cúbicos anuales, lo que representaba cerca del 45% del total. Noruega, el segundo proveedor, quedaba muy por detrás.

La dependencia era extrema en Europa Central y Oriental. Países como Eslovaquia, Hungría o Chequia cubrían entre el 80% y el 100% de su consumo con gas ruso. Esta realidad explica la resistencia política de algunos gobiernos a la prohibición del gas ruso, pese al consenso mayoritario en Bruselas.

Infraestructura clave y el fin de una era energética

La relación energética entre Rusia y Europa se sostenía sobre grandes infraestructuras como Nord Stream 1, el gasoducto Yamal-Europa y la ruta de tránsito ucraniana, por la que circulaba alrededor del 40% del gas ruso hacia el continente. El proyecto Nord Stream 2, que habría duplicado la capacidad de exportación hacia Alemania, fue suspendido el 22 de febrero de 2022, apenas dos días antes del inicio de la guerra.

Ese gesto simbólico marcó el principio del fin de una era. Desde entonces, la Unión Europea ha acelerado una transformación forzada de su sistema energético.

Diversificación, GNL y el plan REPowerEU

Además del gas por gasoducto, Rusia era un proveedor clave de gas natural licuado. En 2021, representaba el 17% del GNL importado por la UE, solo por detrás de Estados Unidos y Qatar. Sin embargo, desde 2024, la dependencia energética rusa se ha reducido de forma sostenida gracias al plan REPowerEU.

Este programa ha impulsado acuerdos con nuevos proveedores, el aumento de terminales de GNL, la mejora de interconexiones internas y una fuerte apuesta por las energías renovables. En 2025, el gas ruso ya solo representaba el 13% del consumo europeo, una cifra impensable pocos años atrás.

El impacto en Rusia y la crisis de Gazprom

Mientras Europa avanza hacia la independencia, Rusia enfrenta una reconfiguración forzada de su mercado energético. Según el viceprimer ministro Alexandr Nóvak, en 2025 el 90% de las exportaciones energéticas rusas se redirigieron a “países amistosos”, principalmente en Asia. El 80% del petróleo ruso terminó en ese continente.

Esta reorientación no ha sido indolora. Gazprom, el gigante gasista ruso, atraviesa una de las crisis más profundas de su historia tras perder su principal mercado. La prohibición del gas ruso no solo redefine la política energética europea, sino que altera el equilibrio económico del sector energético global.

Un cambio estructural con consecuencias a largo plazo

Más allá del impacto inmediato, la decisión de la UE tiene una carga simbólica y estratégica enorme. La prohibición del gas ruso consolida un nuevo paradigma en el que la seguridad energética, la diversificación y la sostenibilidad pesan tanto como el precio.

Al cerrar este capítulo, Europa apuesta por un futuro menos vulnerable a presiones geopolíticas y más alineado con la transición energética. La prohibición del gas ruso no es solo una sanción: es el punto final de una dependencia histórica y el inicio de una nueva etapa para el continente.

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