La reunión trilateral entre delegaciones de Estados Unidos, Ucrania y Rusia que se celebra este viernes en Abu Dhabi marca un momento inédito desde el inicio de la guerra. Tras más de cuatro años de conflicto armado, el simple hecho de sentar a las tres partes en una misma mesa representa un giro estratégico en el tablero diplomático internacional.
El encuentro llega después de una serie de conversaciones consideradas “útiles” por el Kremlin, sostenidas en Moscú entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y los emisarios de la Casa Blanca Steve Witkoff y Jared Kushner. De ese diálogo surgió un acuerdo clave: la creación de un grupo de trabajo trilateral enfocado en cuestiones de seguridad, cuyo primer contacto formal se concreta ahora en los Emiratos Árabes Unidos.
Abu Dhabi como escenario neutral de alto nivel
La elección de Abu Dhabi no es casual. Emiratos Árabes Unidos ha consolidado en los últimos años un perfil de mediador internacional capaz de albergar diálogos sensibles sin alinearse de forma explícita con ninguno de los bloques en disputa. En este contexto, la reunión trilateral busca abrir canales políticos que hasta ahora permanecían cerrados o fragmentados.
Según el asesor presidencial ruso Yuri Ushakov, Moscú mantiene un “interés sincero” en resolver el conflicto por vías diplomáticas, aunque dejó claro que Rusia continuará con su estrategia militar mientras no exista un acuerdo formal. Este doble discurso refleja la tensión entre la mesa de negociación y la realidad del frente de batalla.
Quiénes participan y qué está en juego
La delegación rusa estará encabezada por el almirante Ígor Kostiukov, director de la inteligencia militar GRU, acompañado por Kiril Dmítriev, emisario económico del Kremlin. Por parte de Ucrania, el presidente Volodímir Zelensky designó como jefe de delegación a Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, junto al teniente general Andriy Gnatov, jefe del Estado Mayor.
Estados Unidos llega a la reunión trilateral con expectativas claras. Washington considera que el encuentro puede allanar el camino hacia un acuerdo de arreglo pacífico, siempre que se establezcan garantías de seguridad creíbles para Ucrania y un marco de estabilidad regional a largo plazo.
Activos congelados y reconstrucción: la carta económica
Uno de los puntos más sensibles que rodean esta reunión trilateral es el destino de los activos rusos congelados en territorio estadounidense. Putin propuso transferir mil millones de dólares de esos fondos a la Junta de la Paz para Gaza, una iniciativa creada por el presidente Donald Trump, y sugirió que el resto podría utilizarse para la reconstrucción de los territorios ucranianos devastados por la guerra, pero solo después de firmar un acuerdo de paz.
Este planteamiento introduce un componente económico que podría resultar decisivo. Para Kiev, la reconstrucción es una prioridad estratégica; para Moscú, los activos congelados representan una ficha de negociación clave.
El escollo territorial del Donbás
A mitad del camino, la reunión trilateral se enfrenta a su obstáculo más complejo: la cuestión territorial. Rusia ocupa cerca del 20% del territorio ucraniano y exige el control total del Donbás como condición para un acuerdo duradero. Ucrania, por su parte, ha sido tajante al advertir que cualquier cesión territorial sentaría un precedente peligroso y fortalecería futuras ofensivas rusas.
El Kremlin insiste en que sin resolver este punto no puede hablarse de una paz “duradera”, remitiéndose a la llamada “fórmula de Anchorage”, acordada durante la cumbre de agosto de 2025 entre Putin y Trump.
Zelensky y las garantías de seguridad
En paralelo, Zelensky aseguró que un borrador de acuerdo se encuentra “casi, casi listo” y destacó coincidencias con Washington sobre las garantías de seguridad posteriores al conflicto. Reino Unido y Francia, según el mandatario ucraniano, ya comprometieron fuerzas sobre el terreno como parte de ese esquema disuasivo.
Estas declaraciones refuerzan la idea de que la reunión trilateral no es un gesto simbólico, sino un paso concreto hacia un rediseño del equilibrio de poder en Europa del Este.
Un primer paso con impacto global
Aunque nadie espera que de Abu Dhabi salga un acuerdo definitivo, la reunión trilateral representa un punto de inflexión. Por primera vez desde el estallido de la guerra, las tres partes aceptan discutir seguridad, territorio y reconstrucción en un mismo marco formal.
El resultado inmediato puede ser limitado, pero su impacto geopolítico ya es evidente. Si el diálogo se mantiene, la reunión trilateral podría convertirse en el inicio de una arquitectura de paz que redefina no solo el futuro de Ucrania, sino el rol de Estados Unidos y Rusia en el orden internacional que emerge tras años de confrontación.
