El primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba, anunció su dimisión tras enfrentar duras derrotas electorales que debilitaron a su coalición gobernante. La noticia se dio poco después de ultimar un acuerdo comercial con Estados Unidos, destinado a reducir los aranceles impuestos por la administración Trump.
Ishiba, de 68 años, asumió la responsabilidad ante la pérdida de la mayoría en ambas cámaras del Parlamento, en un contexto de creciente descontento por el aumento del costo de vida.
La carrera por el liderazgo del PLD
El Partido Liberal Democrático (PLD), que ha gobernado Japón casi ininterrumpidamente desde el periodo de posguerra, convocará una elección interna de emergencia para elegir al sucesor de Ishiba.
Entre los posibles candidatos destacan Sanae Takaichi, conocida por su postura a favor de una política fiscal expansiva, y Shinjiro Koizumi, ministro de Agricultura y aliado cercano de Ishiba. La elección definirá el rumbo político y económico del país en los próximos años.
Impacto económico de la dimisión
La renuncia de Ishiba generó volatilidad en los mercados financieros japoneses. El yen y la deuda pública sufrieron liquidaciones, mientras que el rendimiento del bono a 30 años alcanzó un máximo histórico.
Los inversores temen cambios en la política fiscal y monetaria, dependiendo de si el nuevo líder adopta medidas más expansivas o mantiene la cautela en las tasas de interés, lo que podría afectar la economía japonesa a mediano plazo.
Contexto político y social
El PLD perdió la mayoría parlamentaria, aunque sigue siendo el partido más grande de la cámara baja. Esto abre la posibilidad de elecciones anticipadas para legitimar al nuevo primer ministro.
Mientras tanto, la oposición se mantiene fracturada, y el partido Sanseito, de extrema derecha y antiinmigración, logró avances en las recientes elecciones a la Cámara Alta, incorporando ideas que antes eran marginales al debate político nacional.
Un sondeo de la agencia Kyodo indica que casi el 55% de los japoneses considera innecesarias las elecciones anticipadas, reflejando una población preocupada por la estabilidad política y económica del país.
La dimisión de Shigeru Ishiba marca un punto crítico en la política japonesa. La elección de su sucesor determinará el rumbo económico y legislativo de Japón en medio de una incertidumbre política sin precedentes en la cuarta economía mundial.


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