El eco de las sirenas en Bogotá se mezclaba con un silencio abrumador. La noticia que nadie quería escuchar se confirmó: Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato presidencial colombiano, falleció después de dos meses de lucha contra las secuelas de un atentado armado.
El pasado 7 de junio, mientras participaba en un mitin en un barrio popular de la capital, un joven de 15 años le disparó tres veces. Dos de las balas impactaron en su cabeza. Desde entonces, Miguel Uribe permaneció en cuidados intensivos, sometido a múltiples cirugías y un proceso de neurorehabilitación que, por momentos, dio señales de esperanza.
Una herencia política marcada por la tragedia
Nacido en 1986 en Bogotá, Miguel Uribe Turbay llevaba la política en la sangre. Su abuelo, Julio César Turbay Ayala, fue presidente de Colombia entre 1978 y 1982. Su madre, la periodista Diana Turbay, murió en 1991 durante un fallido rescate policial tras ser secuestrada por narcotraficantes vinculados a Pablo Escobar.
En sus propias palabras: “Si mi mamá estuvo dispuesta a dar su vida por una causa, cómo no voy a hacer yo lo mismo en la política”.
Formado como abogado y con una maestría en Harvard, Uribe Turbay fue concejal de Bogotá a los 26 años y secretario de Gobierno de la capital. Su carrera política se caracterizó por una postura firme frente a la inseguridad y la corrupción.
El mensaje de un padre a una nación herida
Antes de su fallecimiento, su padre, Miguel Uribe Londoño, compartió un mensaje en la red social X que tocó fibras en todo el país:
Agradeció a los colombianos por las oraciones, las donaciones de sangre y el apoyo recibido. En medio del dolor, pidió unidad para que Colombia vuelva a ser un país seguro y en paz.
Una pérdida que abre un debate nacional
El asesinato de Miguel Uribe Turbay revive la discusión sobre la violencia política en Colombia y la seguridad de los líderes públicos. Organizaciones de derechos humanos han denunciado un aumento de los ataques contra candidatos y defensores sociales, especialmente en vísperas de las elecciones presidenciales de 2026.
Analistas advierten que este crimen podría tener un impacto profundo en el panorama electoral, ya que Uribe Turbay representaba una de las voces más críticas contra el gobierno de Gustavo Petro y defendía un modelo de seguridad más estricto.
De la indignación a la acción
El llamado de la familia Uribe no es solo un homenaje, sino también un reto: transformar el duelo colectivo en políticas concretas que enfrenten la criminalidad y protejan a quienes ejercen la política.
Como su padre dijo, “la seguridad no es un lujo, es la base de cualquier proyecto de nación”. La muerte de Miguel Uribe deja un vacío político, pero también un mensaje de resistencia frente a la violencia que aún golpea a Colombia.


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