Colombia amaneció este lunes con una noticia que estremeció a todo el país y cruzó fronteras: la muerte del senador y aspirante presidencial Miguel Uribe Turbay, ocurrida en la Fundación Santa Fe de Bogotá como consecuencia de las heridas sufridas en un atentado el pasado 7 de junio.
Uribe Turbay, figura destacada de la oposición y defensor de causas sociales, se convirtió en símbolo de esperanza para muchos colombianos. Su fallecimiento no solo conmocionó a la nación, sino que también generó una ola de reacciones en el escenario internacional.
Condolencias desde Estados Unidos
La congresista estadounidense María Elvira Salazar expresó en su cuenta de X:
“Su partida deja un vacío inmenso en quienes lo conocieron y duele profundamente en el corazón de toda Colombia. Miguel fue un líder apasionado, un servidor público íntegro y un colombiano que amó y defendió a su país hasta el último día”.
El congresista Carlos Antonio Giménez recordó las visitas del senador a Washington, describiéndolo como “brillante, incansable y valiente”. Mientras que Mario Díaz Balart lamentó la pérdida de “una esperanza para la democracia en su país”.
Latinoamérica se pronuncia
El Gobierno de Panamá emitió un comunicado oficial destacando la trayectoria de Uribe Turbay y condenando la violencia política. El presidente José Raúl Mulino compartió que había mantenido conversaciones sinceras con él sobre el futuro regional.
Desde Venezuela, el líder opositor Edmundo González alertó sobre el costo humano de defender la democracia:
“La lucha por las libertades y los derechos sigue costando vidas. La democracia no se defiende sola; proteger a quienes la sostienen es responsabilidad de todos”.
Europa y la ONU también reaccionan
La Misión de la ONU en Colombia pidió erradicar la violencia del ámbito político y proteger la vida como fundamento democrático.
El embajador británico George Hodgson expresó tristeza por la pérdida, subrayando que “la violencia no tiene lugar en la política democrática”.
Un legado que trasciende fronteras
Miguel Uribe Turbay deja un legado de compromiso y defensa de principios democráticos. Su historia, truncada por la violencia, se convierte en un recordatorio de que el diálogo y la tolerancia son la base de toda sociedad libre.
Mientras las autoridades avanzan en la investigación y la captura de los responsables, Colombia y el mundo exigen justicia y un compromiso real para poner fin a la violencia política.


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