En un giro del guion de la naturaleza que parece sacado de un relato de ciencia ficción, el Desierto de Atacama en Chile, conocido universalmente como el lugar no polar más árido del planeta, ha amanecido cubierto por un insólito y espectacular manto de nieve. El fenómeno, que no se registraba con esta intensidad en las zonas más bajas del observatorio ALMA en más de una década, ha dejado postales de una belleza sobrecogedora y ha desatado tanto la maravilla del público como un torrente de preguntas entre la comunidad científica.
Las imágenes de las 66 antenas del radiotelescopio más potente del mundo, diseñadas para escudriñar los secretos de un universo seco y distante, rodeadas por un paisaje blanco y helado, son una poderosa contradicción. Este evento dual nos invita a celebrar la belleza visual de lo inesperado, pero también a explorar lo que esta anomalía climática nos dice sobre la salud de nuestro planeta y la fragilidad de sus ecosistemas más extremos.
El Fenómeno: ¿Cómo Nieva en el Lugar Más Seco de la Tierra?
La extrema aridez del Desierto de Atacama es el resultado de una geografía implacable. Se encuentra atrapado en una «sombra de lluvia» por partida doble: al oeste, la Cordillera de la Costa actúa como una barrera que impide el paso de la humedad del Océano Pacífico; al este, la imponente Cordillera de los Andes bloquea cualquier influencia húmeda proveniente de la cuenca del Atlántico.
Entonces, ¿cómo es posible este paisaje nival? El evento se enmarca dentro de una potente ola de aire frío de origen polar que está recorriendo el cono sur de Sudamérica, responsable de heladas inusuales en zonas de Argentina, Paraguay y el sur de Brasil. Esta masa de aire frío y relativamente húmedo logró penetrar en el altiplano, provocando precipitaciones en forma de nieve.
Si bien las nevadas esporádicas en las cumbres más altas de Atacama, por encima de los 4,000 metros, no son desconocidas, lo extraordinario de este evento ha sido su intensidad y la baja cota que alcanzó. La nieve cubrió por completo las instalaciones base del Observatorio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), ubicadas a 2,900 metros sobre el nivel del mar. Las temperaturas se desplomaron por debajo de los -12 grados Celsius, con una sensación térmica que alcanzó los -28 grados, obligando a los operadores del observatorio a activar un «modo de supervivencia» para proteger los sensibles y millonarios equipos científicos.
Impacto en un Ecosistema Único y en la Ventana al Cosmos
Más allá del espectáculo, el evento tiene implicaciones reales. El ecosistema del desierto, hogar de formas de vida adaptadas a condiciones extremas, es descrito por los biólogos como «muy frágil» y ya se encuentra bajo una fuerte presión por la contaminación y el cambio climático. Una inyección masiva y repentina de agua en forma de nieve podría tener consecuencias impredecibles, tanto positivas como negativas, para la flora y la fauna microbiana del lugar.
Para el observatorio ALMA, la situación es irónica. La principal razón de su emplazamiento en Atacama es la atmósfera prístina y, sobre todo, extremadamente seca, que permite observaciones del universo en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas, las cuales son absorbidas por el vapor de agua. La humedad es, literalmente, el enemigo de su ciencia. Aunque los protocolos de emergencia protegieron las antenas, la presencia de nieve y la posterior evaporación podrían afectar temporalmente la calidad de las observaciones, demostrando la delicada balanza en la que opera esta ventana al cosmos.
¿Una Señal del Cambio Climático?
La pregunta es inevitable: ¿es esta nevada una extraña anomalía o una señal de algo más profundo? Los climatólogos se muestran cautos a la hora de atribuir un único evento meteorológico al cambio climático. Sin embargo, señalan que los modelos climáticos globales sí predicen un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos de precipitación extrema en el futuro, incluso en lugares como Atacama. Este «espejismo blanco» podría ser, por tanto, un atisbo de una nueva normalidad climática, más errática y extrema.
El evento también refuerza la analogía de Atacama como un «laboratorio de Marte». Durante años, la NASA y otras agencias espaciales han utilizado este desierto para probar rovers y estudiar la vida en condiciones análogas a las del planeta rojo. Una nevada masiva en este entorno es un experimento natural a gran escala, que ofrece a los científicos una oportunidad única para estudiar cómo un ambiente hiperárido y de suelo oxidante reacciona a un evento de precipitación súbita, proporcionando datos valiosísimos para la futura exploración de Marte.
La Belleza de lo Inesperado
La nevada en Atacama es, en definitiva, un poderoso recordatorio de la capacidad de la naturaleza para desafiar nuestras certezas y regalarnos momentos de asombro puro. Es una imagen que perdurará en la memoria colectiva, pero también una llamada de atención sobre la necesidad imperiosa de escuchar, entender y proteger los equilibrios más delicados de nuestro planeta, que cada vez se muestran más alterados.


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