En las calles de Katmandú, el eco de los gritos juveniles todavía resuena. “¡Basta de corrupción!” fue el lema que unió a miles de jóvenes el pasado 8 de septiembre, cuando la Generación Z de Nepal se levantó contra el bloqueo digital y el sistema político que los había marginado durante años.
Lo que comenzó como una protesta pacífica contra la censura en redes sociales terminó en una revuelta nacional que transformó la historia reciente del país. Las imágenes de edificios del Parlamento y la Corte Suprema en llamas recorrieron el mundo, revelando la magnitud de una furia contenida.
Más de 400 detenidos y 76 muertos: el costo de la rebelión
Según datos de la policía nepalesa, 423 personas fueron detenidas en los últimos dos meses por delitos que van desde vandalismo hasta asesinato. Las jornadas del 8 y 9 de septiembre dejaron al menos 76 muertos, entre ellos 63 manifestantes, tres policías y diez presos fugados.
El portavoz policial Abi Narayan Kafle confirmó que se abrió una investigación nacional para identificar a los responsables de la violencia, mientras organismos internacionales exigen una revisión transparente de los hechos.
Las calles de Katmandú y Pokhara aún muestran los rastros del caos: vidrios rotos, pancartas quemadas y una sensación de victoria agridulce.
El derrumbe del gobierno maoísta y la llegada de un liderazgo provisional
El movimiento juvenil fue tan masivo que forzó la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli, líder maoísta acusado de autoritarismo y corrupción.
En su lugar, la ex presidenta de la Corte Suprema, Sushila Karki, fue designada como jefa de un gobierno provisional, convirtiéndose en la primera mujer en asumir el liderazgo nacional tras una revuelta popular.
“Este no es solo un cambio político; es el inicio de una nueva era”, declaró un manifestante en redes sociales, donde los jóvenes organizan desde entonces foros de reconstrucción democrática y denuncias contra la represión.
La Generación Z exige justicia y transparencia
El ministro Aryal, señalado como responsable de la violenta respuesta policial, enfrenta presiones para dimitir. Los líderes del movimiento exigen su salida y la creación de un comité independiente de derechos humanos.
Con un desempleo juvenil que supera el 30% y una clase política envejecida y desconectada, Nepal enfrenta ahora una oportunidad histórica para redefinir su democracia.
El levantamiento ha inspirado a movimientos similares en Asia del Sur, donde las redes sociales se han convertido en el nuevo campo de batalla por la libertad.


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