En un intento por calmar la guerra arancelaria que ha sacudido la economía mundial, altos funcionarios de Estados Unidos y China reanudaron negociaciones cruciales en Ginebra este fin de semana, culminando su primer día el sábado 10 de mayo y continuando este domingo 11 de mayo de 2025. Mientras el presidente estadounidense Donald Trump proclamaba en redes sociales un «gran progreso» e incluso sugería la posibilidad de un «reinicio total», la postura desde Beijing se mantuvo firme, exigiendo respeto a sus «principios fundamentales» y rechazando cualquier forma de «coerción».
El escenario de Ginebra y las declaraciones contrapuestas
Las conversaciones, que se desarrollan en un ambiente de hermetismo en la
residencia del embajador de Suiza ante la ONU , marcaron el primer encuentro
de alto nivel cara a cara desde que la administración Trump impuso aranceles de
hasta el 145% a productos chinos en febrero, a lo que China respondió con
gravámenes del 125% sobre exportaciones estadounidenses. Esta situación llevó
el comercio bilateral, que superó los $660 mil millones el año anterior, a una
virtual parálisis.
El primer día de discusiones, que se extendió por 10 horas, concluyó sin
anuncios de avances concretos. Sin embargo, el presidente Trump recurrió a las
redes sociales para expresar optimismo: «Se está haciendo un gran progreso. ¡Un
reinicio total es posible!». Incluso había insinuado previamente la posibilidad de
reducir los aranceles estadounidenses, sugiriendo que «¡un arancel del 80%
parece correcto!».
En contraste, la agencia oficial de noticias china, Xinhua, adoptó un tono más
duro, afirmando que China «rechazará firmemente cualquier propuesta que
comprometa los principios fundamentales o socave la causa más amplia de la
equidad global». El Ministerio de Comercio chino ya había advertido previamente
que si EE.UU. deseaba dialogar, debía demostrar sinceridad corrigiendo sus
«prácticas erróneas» y cancelando los aranceles unilaterales.
Puntos clave en disputa y complejidad adicional
Más allá de la balanza comercial, donde China registró un déficit récord de $263
mil millones el año anterior, un punto de gran irritación para Trump , existen otros
elementos complejos. Uno de ellos es el arancel del 20% impuesto por EE.UU.
con el objetivo de presionar a Beijing para que intensifique sus esfuerzos en
detener el flujo del opioide sintético fentanilo hacia Estados Unidos. El restante
125% de los aranceles estadounidenses sobre algunos productos chinos se
deriva de una disputa que data del primer mandato de Trump.
La situación refleja la delicada danza diplomática actual. Ambas superpotencias
enfrentan presiones económicas internas para encontrar una solución, o al
menos una desescalada, debido a la disrupción causada por los aranceles. La
retórica divergente puede interpretarse como parte de las estrategias de
negociación: Trump buscando proyectar una imagen de éxito y control, mientras
China defiende sus líneas rojas.
«Las conversaciones nunca deben ser un pretexto para la
coerción o la extorsión continua, y China rechazará firmemente cualquier
propuesta que comprometa los principios fundamentales.» – Editorial de la
agencia Xinhua.
Implicaciones globales y para Latinoamérica
El resultado de estas negociaciones es de vital importancia para la economía
global. Un acuerdo podría significar un alivio a las presiones inflacionarias y una
estabilización de las cadenas de suministro. Para México y Latinoamérica, una
distensión comercial entre las dos mayores economías del mundo podría
traducirse en un ambiente más favorable para sus propias exportaciones e
inversiones. Por el contrario, un fracaso en las conversaciones y la continuación
de altas barreras arancelarias podrían exacerbar la incertidumbre económica
global, afectando los precios de importación y la inversión extranjera en la
región.
Mientras las delegaciones continúan sus discusiones este domingo, el mundo
permanece expectante. La posibilidad de un «reinicio total» planteada por Trump
genera esperanzas, pero la firmeza de China en sus principios sugiere que
cualquier acuerdo requerirá concesiones significativas de ambas partes. Los
analistas consideran que, en el mejor de los casos, estas reuniones podrían establecer una agenda para futuras discusiones más profundas, aunque las
fricciones sistémicas difícilmente se resolverán a corto plazo.
¿Crees que EE.UU. y China lograrán un acuerdo arancelario significativo?
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