El 4 de diciembre de 2024, el mundo conoció la triste noticia del fallecimiento de la Princesa Brígida de Suecia, hermana del Rey Carlos XVI Gustavo. A los 87 años, Brígida dejó este mundo en Santa Ponça, Mallorca, donde había residido desde los años noventa. Su partida ha causado un profundo pesar tanto en la familia real como en la comunidad mallorquina, que la había acogido como una figura entrañable.
El Rey Carlos XVI Gustavo, en un comunicado oficial, expresó su profunda tristeza por la pérdida de su hermana, destacando su carisma y cercanía con todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla. La noticia conmovió no solo a la realeza, sino también a aquellos que la consideraron parte de su familia, especialmente en Mallorca, la isla que la acogió y que se convirtió en su hogar.
Una vida marcada por la aristocracia y el amor por la naturaleza
La Princesa Brígida nació el 19 de enero de 1937 en el majestuoso castillo de Haga, cercano a Estocolmo, como la segunda hija del Rey Gustavo VI Adolfo y la Princesa Sibila de Sajonia-Coburgo-Gotha. Desde su infancia, su vida estuvo marcada por un entorno aristocrático, pero Brígida siempre mostró una personalidad distinta, con una fuerte determinación de forjar su propio camino, alejada de las estrictas expectativas que pesaban sobre ella.
A los 24 años, en 1961, Brígida se casó con el Príncipe Johann Georg von Hohenzollern-Sigmaringen, de origen alemán. Juntos tuvieron tres hijos, y la princesa llevó una vida activa y dedicada a su familia. Sin embargo, la relación con su esposo terminó en separación en 1990, lo que marcó un nuevo capítulo en la vida de Brígida. Decidió mudarse a Mallorca, una isla que, con el paso de los años, se convertiría en su verdadero hogar.
Mallorca, su refugio y lugar de legado
Brígida se trasladó a Mallorca a mediados de los años noventa, atraída por el clima, los paisajes y la tranquilidad de la isla balear. Más que una simple residencia, la princesa se integró plenamente en la comunidad mallorquina, convirtiéndose en una figura querida y respetada. Su amor por la naturaleza y su cercanía con la gente la hicieron un referente local. A lo largo de los años, dejó una huella en varios aspectos de la vida social de la isla.
En particular, fue miembro honorífico de la Real Asociación Sueca de Golf, donde organizó su propio torneo, el cual se convirtió en un evento anual significativo. Además, su afición por los deportes la llevó a involucrarse en diversas actividades, reflejando su espíritu activo y multifacético.
Durante la pandemia, Brígida expresó en varias ocasiones su deseo de regresar a Mallorca, un lugar que consideraba su verdadero hogar. La isla, con su belleza natural y su calidez humana, fue un refugio donde encontró paz y conexión.
Un legado multifacético y lleno de logros
Brígida no solo fue conocida por su vinculación con la realeza, sino también por su versatilidad. Recibió educación privada tanto en el Palacio Real de Estocolmo como en Suiza, y se dedicó a explorar diversas facetas de la vida pública. Su interés por el modelaje y la televisión la llevaron a desempeñarse en esos campos, aunque fue en la escritura donde encontró otro de sus grandes intereses.
La Princesa también fue autora de memorias, en las que relató su vida y su visión del mundo. En su libro sobre deportes, reflejó su pasión por disciplinas como la equitación, el tenis, la esgrima y el golf, mostrando una faceta desconocida para muchos. Su legado va más allá de los títulos reales, dejando una huella importante en el ámbito deportivo, literario y social.
El funeral y el legado eterno de la Princesa Brígida
El funeral de la Princesa Brígida será un evento privado, al que solo asistirán los miembros más cercanos de la familia real. La ceremonia se llevará a cabo en el cementerio real de Hagaparken, al norte de Estocolmo, donde descansan otros miembros de la familia real sueca. Este lugar será el último descanso de una mujer que, a lo largo de su vida, mostró una gran dignidad y amor por su país y su comunidad.La Princesa Brígida deja un vacío no solo en la familia real sueca, sino también en la sociedad mallorquina. Su influencia en la isla, su involucramiento en diversos campos y su carisma perdurarán en la memoria colectiva. La princesa será recordada como una mujer carismática, activa y profundamente humana, cuya presencia enriqueció la vida de todos los que la conocieron.
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