En una Venezuela cada vez más controlada por el aparato estatal, el dictador Nicolás Maduro ha dado un paso más hacia la vigilancia ciudadana. Durante una transmisión en el canal estatal, el líder chavista anunció la creación de una nueva aplicación dentro del sistema VenApp, diseñada —según sus palabras— para que el pueblo “informe todo lo que vea y todo lo que oiga” las 24 horas del día.
Lo que en apariencia podría parecer una herramienta de participación ciudadana encubre, según analistas, una estrategia de vigilancia masiva bajo el pretexto de la defensa nacional. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), las Unidades Comunales de Milicias y las Bases Populares de Defensa Integral participarían directamente en el desarrollo y la gestión de esta app.
De una red de denuncias a una red de espionaje
VenApp fue creada en 2022 para recibir denuncias sobre problemas cotidianos, como fallas eléctricas o falta de agua. Sin embargo, organizaciones como Amnistía Internacional advirtieron que, tras la reelección de Maduro, la aplicación fue modificada para permitir el reporte de manifestantes y opositores políticos.
“Al parecer, tras anunciarse la reelección de Maduro, se ha reacondicionado con una funcionalidad adicional que permite denunciar a manifestantes”, advirtió la ONG.
El nuevo anuncio del mandatario reaviva esas preocupaciones. En lugar de promover transparencia, el régimen estaría fortaleciendo un mecanismo digital de control social, capaz de convertir a los ciudadanos en informantes de un Estado que ya concentra poder en todas sus instituciones.
Operación Independencia 200: el brazo militar de la vigilancia
El anuncio de la app no se da en un vacío político. Coincide con la activación del plan de defensa nacional, denominado Operación Independencia 200, que busca preparar a todas las Zonas de Defensa Integral (ZODI) del país ante una posible agresión externa.
Maduro aseguró que ya están activas en todos los estados venezolanos, con la participación de 6,2 millones de milicianos. El discurso oficial lo presenta como una estrategia de “unidad nacional”, pero el contexto sugiere un mensaje claro hacia Estados Unidos: Venezuela está en pie de guerra.
El Caribe, escenario de una nueva tensión
Mientras tanto, Washington mantiene un despliegue naval en el mar Caribe, bajo la justificación de combatir el narcotráfico. Caracas lo interpreta como una “amenaza” que busca propiciar un cambio de régimen y apropiarse de los recursos petroleros venezolanos.
El resultado es una tensión geopolítica creciente, donde el uso de tecnología y vigilancia interna se suma al discurso militarista del chavismo. La línea entre defensa nacional y represión política parece desdibujarse, dejando al ciudadano común en medio de la desconfianza y el miedo.


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