La noticia sacudió al mundo en cuestión de minutos: el papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano de la historia, falleció a los 88 años a causa de un ictus cerebral y un fallo cardiocirculatorio. Desde el Vaticano hasta las regiones más remotas del planeta, líderes mundiales han expresado su respeto, admiración y profunda tristeza por la partida del líder espiritual que transformó la Iglesia Católica con compasión, humildad y coraje.
Un pontífice del pueblo
Desde su elección en 2013, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, rompió moldes. Rechazó los lujos del Vaticano, prefirió vivir con sencillez y centró su papado en los pobres, los marginados y el medioambiente. Su testamento fue coherente con esa visión: pidió ser enterrado en una tumba sencilla en la basílica de Santa María la Mayor.
Esta coherencia inspiró no solo a católicos, sino también a líderes religiosos y políticos de todas las creencias. El secretario general de la ONU, António Guterres, lo definió como un «mensajero de la esperanza«, mientras que el presidente Lula da Silva subrayó su «valentía y empatía» al impulsar la causa climática.
Mensajes que cruzan fronteras
El impacto del papa Francisco trascendió fronteras ideológicas. Donald Trump, en su red social Truth, lo llamó “mensajero de Dios” y confirmó su asistencia al funeral. Javier Milei, a pesar de sus pasadas diferencias con el pontífice, dijo sentirse honrado de haberlo conocido. Claudia Sheinbaum lo llamó “una gran pérdida para todos, creyentes o no”.
Desde Europa, Ursula von der Leyen, Emmanuel Macron y el rey Felipe VI de España elogiaron su compromiso con los más vulnerables. En Asia y África, figuras como el primer ministro indio Narendra Modi y el presidente keniano William Ruto resaltaron su influencia interreligiosa y su impulso por la justicia global.
Una despedida digna de su legado
El Vaticano se prepara para un funeral que congregará a miles de fieles y jefes de Estado. El féretro de Francisco será expuesto en la basílica de San Pedro y se prevé que el funeral se celebre entre el viernes y el domingo, antes del inicio del cónclave que elegirá a su sucesor.
Pero más allá de los protocolos, lo que se siente en el aire es un profundo respeto. No solo por el hombre que fue líder de más de mil millones de católicos, sino por la figura que ayudó a tender puentes entre religiones, a poner en la agenda mundial el cambio climático y a dignificar a los olvidados.
Un legado que seguirá vivo
En un mundo dividido, el papa Francisco logró hablar con una voz moral que trascendía la política. En palabras del rey Carlos III: “sirvió al mundo con devoción”. Y quizá ese sea su mayor logro: demostrar que la fe puede ser también un camino hacia la inclusión, el entendimiento y la transformación social.
Mientras los tambores del cónclave suenan en Roma, millones de personas recuerdan hoy al papa no solo como líder religioso, sino como un símbolo de bondad. Su partida deja un vacío espiritual, pero también una guía clara para quienes deseen seguir su ejemplo.
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