En un movimiento legislativo con profundas implicaciones para la industria energética de Texas y la gestión de sus recursos hídricos, el proyecto de ley HB 49 ha sido aprobado por ambas cámaras estatales. La medida, impulsada por el representante estatal Drew Darby, busca eliminar lo que la industria considera una barrera clave para la expansión del tratamiento y la reutilización del «agua producida» – el vasto subproducto líquido de la fracturación hidráulica (fracking).
Detalles y Alcance de la Nueva Legislación
La HB 49 está diseñada para proteger de responsabilidad legal a una variedad de actores involucrados en el ciclo del agua producida:
* Compañías de petróleo y gas: Quedan exentas de responsabilidad por las consecuencias derivadas de la venta del agua producida.
* Propietarios de tierras: También reciben protección si permiten actividades relacionadas en sus terrenos.
* Empresas de tratamiento y transporte: Gozan de la misma exención de responsabilidad.
Esta protección abarca casos de lesiones personales, muerte o daños a la propiedad que pudieran surgir del uso del agua tratada. Sin embargo, la ley contempla excepciones a este escudo legal en situaciones de negligencia grave, actos dolosos intencionales, violación de leyes estatales o federales, o incumplimiento de los estándares establecidos por la Comisión de Calidad Ambiental de Texas (TCEQ).
Un aspecto notable de la HB 49 es la prohibición de que los tribunales impongan daños ejemplares (punitivos), que son sanciones adicionales destinadas a disuadir futuras malas conductas. Además, la ley instruye a la TCEQ a desarrollar normativas específicas para la investigación y reutilización del agua producida.
Argumentos a Favor y en Contra
La industria energética, un pilar económico en Texas con Houston como su epicentro, ha argumentado que esta protección legal es crucial. Sostienen que incentivará la inversión en tecnologías de tratamiento y permitirá la reutilización del agua producida – que se genera en una proporción de aproximadamente cinco barriles por cada barril de petróleo – para aliviar la presión sobre los escasos suministros de agua dulce del estado, exacerbada por el crecimiento demográfico y el cambio climático.
Laura Capper, consultora experta en agua producida, afirmó que la ley «realmente liberará algunas transacciones de agua» y que existe suficiente investigación para garantizar la seguridad del agua tratada. Cuatro empresas de tratamiento ya han solicitado permiso estatal para verter agua tratada en las vías fluviales de Texas.
Por otro lado, grupos ambientalistas como el Sierra Club, a través de su director legislativo Cyrus Reed, han expresado serias reservas. Argumentan que el estado se está moviendo demasiado rápido, que se necesita más investigación y proyectos piloto para garantizar la seguridad continua del tratamiento, y que podrían persistir contaminantes no contemplados por la TCEQ. Reed cuestionó quién asumirá el costo si surgen problemas por la reutilización de esta agua, sugiriendo que recaerá en el público.
Implicaciones Profundas: El Nexo Agua-Energía y el Riesgo Público
La HB 49 se sitúa en el complejo nexo entre la producción de energía y la gestión del agua, un desafío crítico para Texas. La legislación intenta equilibrar los imperativos económicos del sector energético con la necesidad de una administración ambiental responsable. Al limitar la responsabilidad, se busca fomentar una práctica económicamente ventajosa para la industria (reutilización de agua, reducción de costos de eliminación), pero esto podría implicar una transferencia de riesgos ambientales o de salud a largo plazo si los estándares de tratamiento resultan ser insuficientes o su aplicación es deficiente.
La prohibición de daños ejemplares es una herramienta legal a menudo buscada por las industrias para limitar su exposición financiera, lo que indica un entorno legislativo favorable a la protección de ciertos riesgos empresariales. La efectividad y seguridad de este nuevo marco regulatorio para el agua producida será un caso de estudio crucial en la gestión de recursos en un estado con una economía fuertemente ligada a los hidrocarburos pero también enfrentado a crecientes desafíos hídricos.
El debate sobre la HB 49 refleja una tensión constante en Texas y otras regiones productoras de energía: cómo innovar y mantener la viabilidad económica de la industria mientras se salvaguarda el medio ambiente y la salud pública.


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