China presenta datos económicos contradictorios: la manufactura crece, pero el sector inmobiliario, clave para la riqueza, se hunde más rápido. Descubre qué realidad ocultan estas cifras
La economía china envía señales alarmantemente mixtas. Mientras los datos oficiales celebran un inesperado regreso al crecimiento en el sector manufacturero, un nuevo informe privado revela que el mercado inmobiliario, pilar de la riqueza de la clase media, se está desmoronando a un ritmo acelerado. Esta divergencia plantea serias dudas sobre la verdadera salud de la segunda economía mundial.
Pekín se enfrenta a una paradoja económica que define su presente y futuro. Dos informes clave publicados recientemente pintan dos realidades opuestas de la economía china, dejando a analistas e inversores preguntándose cuál de ellas prevalecerá.
Por un lado, el índice de gestores de compras (PMI) de Caixin, un indicador clave de la salud del sector manufacturero, mostró una expansión en junio por primera vez en tres meses. Esta es la narrativa que Pekín desea proyectar al mundo: una de resiliencia, recuperación y fortaleza industrial. Las fábricas están activas, la producción aumenta y hay señales de una modesta recuperación de la demanda interna.
Sin embargo, casi simultáneamente, una encuesta privada sobre el mercado inmobiliario arrojó un jarro de agua fría sobre cualquier optimismo. El informe indica que los precios de la vivienda de segunda mano cayeron a un ritmo acelerado en junio. La palabra clave es «acelerado». La crisis no solo continúa, sino que se está intensificando, y lo que es más preocupante, el informe concluye que las recientes medidas de apoyo del gobierno han tenido un «impacto limitado», una evaluación contundente de la ineficacia de las políticas de Pekín para frenar la sangría.
Esta no es una simple discrepancia estadística. El sector inmobiliario es la piedra angular de la economía doméstica china. Se estima que una gran parte de la riqueza de los hogares chinos está invertida en propiedades. Un mercado inmobiliario en caída libre pulveriza la confianza del consumidor, frena el gasto y crea un riesgo sistémico para todo el sector financiero.
La pregunta que surge es: ¿cómo pueden coexistir estas dos realidades? La respuesta revela una monumental y arriesgada apuesta estratégica por parte del Partido Comunista. Ante la imposibilidad de reavivar la burbuja inmobiliaria sin crear una crisis de deuda aún mayor, Pekín parece haber tomado una decisión drástica: sacrificar el antiguo modelo de crecimiento, basado en el consumo y la construcción, por un nuevo modelo impulsado por el estado y centrado en la producción industrial para la exportación.
El gobierno está redirigiendo masivamente capital y mano de obra hacia el sector manufacturero, especialmente en áreas de alta tecnología, para absorber a los trabajadores despedidos de la construcción y evitar así un desempleo masivo que podría generar inestabilidad social. Por eso el PMI manufacturero sube.
El resultado es una «economía de dos caras»: un sector industrial artificialmente estimulado por el estado que muestra signos de fortaleza, y un sector de consumo y propiedad inmobiliaria, impulsado por el mercado, que se hunde en una crisis de confianza. Es una apuesta de alto riesgo que depende enteramente de que el resto del mundo esté dispuesto a absorber una avalancha de exportaciones chinas, una disposición que, como demuestran las crecientes amenazas de aranceles en EE.UU. y Europa, está disminuyendo rápidamente.
