La economía de dos caras de China: euforia en tiendas, pánico en fábricas

La economía de dos caras de China: euforia en tiendas, pánico en fábricas
La economía de dos caras de China: euforia en tiendas, pánico en fábricas

Los datos económicos de mayo en China pintan un cuadro desconcertante: mientras la producción industrial se desacelera bajo la presión de los aranceles estadounidenses, el consumo interno experimentó un sorprendente salto. Sin embargo, las razones detrás de este auge revelan una economía más frágil de lo que parece.

La segunda economía más grande del mundo presentó en mayo un rendimiento económico mixto que revela una profunda dualidad. Por un lado, una aparente resiliencia del consumidor; por otro, la innegable presión que la guerra comercial con Estados Unidos ejerce sobre su motor industrial. Analizar las cifras en detalle es crucial para entender la verdadera salud de la economía china.

El Veredicto de los Números: Consumo al Alza, Industria a la Baja

Según la Oficina Nacional de Estadísticas de China, las ventas minoristas registraron un robusto aumento del 6.4% en mayo en comparación con el año anterior. Este dato contrasta fuertemente con el sector manufacturero. La producción industrial creció un 5.8%, una cifra que, aunque positiva, representa una clara desaceleración frente al 6.1% de abril y el 7.7% de marzo.

La causa de este enfriamiento industrial es directa: los aranceles estadounidenses. Las exportaciones de China a Estados Unidos se desplomaron un 35% en mayo, una caída drástica que evidencia el impacto de las políticas proteccionistas.

El Secreto del «Boom» del Consumo: ¿Confianza o Descuentos?

A primera vista, el salto en las ventas minoristas podría interpretarse como una señal de confianza del consumidor. Sin embargo, una mirada más profunda revela que este auge fue impulsado por factores artificiales y posiblemente insostenibles.

Primero, el masivo festival de compras online «618», que celebra la fundación del gigante del comercio electrónico JD.com, comenzó en mayo con agresivos descuentos que incentivaron el gasto. Segundo, los programas gubernamentales de subsidios para el recambio de electrodomésticos y automóviles también contribuyeron.

Pero el detalle más revelador es que parte del aumento en las ventas provino de promociones de productos que quedaron varados, sin poder exportarse, debido precisamente a los aranceles. En esencia, la debilidad del sector exportador está alimentando un consumo interno basado en liquidaciones.

Las Sombras Persistentes: Propiedad y Deflación

El optimismo que podrían generar las cifras de consumo se desvanece al considerar los problemas estructurales que persisten. La crisis del sector inmobiliario, un pilar fundamental de la riqueza de las familias chinas, no muestra signos de revertirse. La inversión en bienes raíces cayó un 10.7% en los primeros cinco meses del año.

Además, la amenaza de la deflación sigue presente. Los precios al consumidor cayeron un 0.1% en mayo, lo que indica una demanda subyacente débil. La confianza del consumidor, según los analistas, se mantiene cerca de mínimos históricos, lejos de un promedio saludable.

Lo que estos datos sugieren es que China está experimentando un «rebalanceo involuntario» de su economía. El objetivo de Pekín de depender más del consumo interno se está cumpliendo, no por un crecimiento orgánico de la riqueza de los hogares, sino por la fuerza bruta de una guerra comercial que bloquea sus exportaciones. Este auge del consumo, por tanto, no es un signo de fortaleza, sino un síntoma de una debilidad en su modelo exportador, creando una burbuja frágil que enmascara problemas estructurales mucho más profundos.

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