La natalidad en China toca fondo histórico pese a la campaña de Xi Jinping

La natalidad en China cayó a su mínimo histórico en 2025, marcando el cuarto año consecutivo de reducción poblacional y encendiendo alertas globales.

La natalidad en China toca fondo histórico pese a la campaña de Xi Jinping
La natalidad en China toca fondo histórico pese a la campaña de Xi Jinping

La natalidad en China volvió a romper un récord negativo en 2025. No uno económico ni tecnológico, sino uno que toca el corazón mismo del futuro del país: el número de nacimientos cayó a su nivel más bajo desde 1949, año en que Mao Zedong fundó la República Popular. El dato no solo confirma una tendencia alarmante, sino que expone el límite real de las políticas estatales frente a los cambios culturales, económicos y sociales de la China contemporánea.

Durante cuatro años consecutivos, la población china se ha reducido. En 2025, la tasa de natalidad descendió hasta 5,63 nacimientos por cada mil habitantes, con apenas 7,92 millones de nacimientos, lo que representa 1,62 millones menos que el año anterior, una caída del 17%. Las cifras, divulgadas por la Oficina Nacional de Estadística, marcan un punto de inflexión histórico.

La natalidad en China y el fin del modelo demográfico tradicional

Para entender el presente, hay que mirar al pasado. En los años ochenta, China enfrentaba el temor de una sobrepoblación incontrolable. La respuesta fue la estricta política del hijo único, implementada entre 1979 y 1980, cuando la tasa de natalidad era de 17,82 nacimientos por mil habitantes.

Décadas después, el escenario se invirtió. En 2016 se permitió tener un segundo hijo y en 2021 un tercero. Sin embargo, estas medidas no lograron el efecto esperado. La natalidad siguió cayendo, con la excepción de un leve repunte en 2024, cuando se registraron 6,77 nacimientos por cada mil habitantes, un espejismo estadístico que no se sostuvo.

Hoy, la natalidad en China refleja una sociedad profundamente distinta a la de hace 40 años.

Menos nacimientos, menos matrimonios y una población que envejece

El descenso no se limita a los nacimientos. Los matrimonios también están en mínimos históricos, un factor clave en una cultura donde la maternidad sigue estrechamente ligada al matrimonio formal.

En paralelo, la población total cayó hasta 1.404 millones de habitantes, con una reducción de 3,39 millones de personas en solo un año. Al mismo tiempo, China registró 11,31 millones de fallecimientos en 2025, con una tasa de mortalidad de 8,04 por mil habitantes, profundizando el desequilibrio demográfico.

Este fenómeno plantea un desafío estructural: menos jóvenes sosteniendo a una población cada vez más envejecida.

Economía, costos y nuevas prioridades de vida

Expertos coinciden en que el problema va más allá de las políticas familiares. El alto costo de la educación, la vivienda, la presión laboral, la responsabilidad de cuidar a padres mayores y la incertidumbre económica pesan más que cualquier incentivo estatal.

Aunque China creció un 5% en 2025, uno de sus niveles más bajos en décadas fuera del periodo pandémico, ese crecimiento no se traduce en seguridad emocional para las nuevas generaciones.

Para muchos jóvenes chinos, formar una familia implica un riesgo financiero y personal que ya no están dispuestos a asumir.

Subsidios, incentivos y límites del Estado

El gobierno de Xi Jinping ha intentado revertir la tendencia con medidas concretas:
– Subsidios de aproximadamente 500 dólares anuales por cada hijo menor de tres años
– Eliminación de tarifas en guarderías públicas
– Apoyo fiscal y estímulos al matrimonio

Pese a ello, los resultados han sido marginales. La decisión de no tener hijos responde a transformaciones culturales profundas que no se corrigen solo con dinero.

El futuro demográfico de China preocupa al mundo

Las proyecciones de Naciones Unidas son contundentes: si la tendencia continúa, la población china podría reducirse de 1.400 millones a apenas 633 millones para el año 2100. Un cambio de esta magnitud tendría consecuencias globales en economía, geopolítica, mercados laborales y sistemas de pensiones.

A mitad de esta historia, queda claro que la natalidad en China ya no es solo un dato estadístico: es una señal de advertencia sobre los límites del crecimiento, el peso del envejecimiento y el cambio de valores en la segunda economía más grande del mundo.

Al cierre de 2025, la natalidad en China no solo alcanzó su mínimo histórico, sino que confirmó una realidad incómoda para Beijing: ni campañas políticas, ni subsidios, ni reformas legales pueden obligar a una sociedad a tener hijos cuando el modelo de vida ha cambiado. El reto ya no es aumentar nacimientos, sino redefinir el futuro de un país que envejece más rápido de lo que esperaba.

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