El VI ciclo de diálogos de paz en Bogotá enfrenta dos frentes: una carrera contra el tiempo para renovar el cese al fuego que expira el 15 de octubre, y la creciente violencia de la facción disidente de ‘Iván Mordisco’, que opera al margen de la mesa y amenaza la viabilidad de la «Paz Total».
El ambicioso proyecto de «Paz Total» del gobierno de Gustavo Petro se encuentra en un punto crítico. En Bogotá, las delegaciones del Gobierno y de tres bloques del Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las antiguas FARC, han iniciado el sexto ciclo de conversaciones con una urgencia palpable: el cese al fuego bilateral, pilar fundamental del proceso, expira el próximo 15 de octubre.
Sin embargo, la amenaza no solo proviene del calendario. Una profunda fractura dentro del EMC ha dejado fuera de la mesa de negociación a la facción más beligerante, comandada por Néstor Gregorio Vera, alias ‘Iván Mordisco’. Mientras unos dialogan en la capital, los otros intensifican la guerra en el suroccidente del país, poniendo en jaque la credibilidad y el futuro de todo el esfuerzo de paz.
La Mesa de Diálogo: Una Paz Parcial
El actual ciclo de negociaciones, que se extenderá hasta el 19 de octubre, busca no solo prorrogar el cese de hostilidades, sino también lograr lo que el jefe negociador del Gobierno, Camilo González Posso, ha calificado como «un verdadero salto adelante». En la mesa se sientan los bloques del EMC conocidos como Jorge Suárez Briceño, Magdalena Medio y el Frente Raúl Reyes, quienes han mostrado una voluntad de diálogo.
Del otro lado, Andrey Avendaño, delegado de las disidencias, reconoció los «miles de obstáculos» enfrentados desde el inicio de las conversaciones hace un año, pero se mostró «muy expectante» de los resultados. Los temas en agenda son complejos e incluyen transformaciones territoriales y la protección ambiental, asuntos de fondo que buscan atacar las raíces del conflicto.
El problema fundamental es que este diálogo representa solo a una parte del EMC. La escisión, formalizada en abril, dejó por fuera a los frentes bajo el mando de ‘Iván Mordisco’, principalmente en los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, que desde entonces han protagonizado una sangrienta escalada de violencia.
La Guerra en la Sombra: El Costo de la Fractura
La exclusión de la facción de ‘Mordisco’ ha convertido el suroccidente de Colombia en un campo de batalla que desmiente la narrativa de paz. Informes de organizaciones como la Fundación Ideas para la Paz (FIP) y el Observatorio de Derechos Humanos de Indepaz revelan un deterioro alarmante de la seguridad en estas regiones.
Entre 2017 y 2021, cinco departamentos, incluyendo Cauca y Nariño, concentraron el 77% de las acciones armadas y enfrentamientos en el país, una cifra que evidencia la incapacidad del Estado para estabilizar estos territorios. La situación actual es aún más crítica:
- Aumento de la presencia armada: Según datos de 2024, grupos como las disidencias de las FARC aumentaron su presencia en 299 municipios, un 30% más que en 2022.
- Confinamiento y desplazamiento: Entre enero y julio, más de 71,000 personas fueron víctimas de «confinamiento» (impedidas de salir de sus comunidades por grupos armados), un aumento del 39% respecto al año anterior. En Chocó, Cauca y Nariño, los combates desplazaron a más de 34,000 personas en el mismo período.
- Violencia contra líderes: El asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos continúa siendo una constante, con un promedio de tres líderes asesinados cada semana hasta septiembre, según la Fiscalía General.
«La paz no tan total, se confirmó que más de 450 firmantes del acuerdo de paz con las Farc han sido asesinados», reporta un análisis sobre la violencia persistente en el país.
Esta violencia no es aleatoria. La facción de ‘Mordisco’ parece estar utilizando la fuerza para demostrar su poder y relevancia, enviando un mensaje claro: no habrá «Paz Total» sin ellos. Este accionar convierte el proceso de paz en una herramienta estratégica dentro del mismo conflicto, donde los grupos que negocian buscan legitimidad política, y los que no, la imponen a través de las armas.
Un Futuro Incierto
El gobierno de Petro enfrenta un dilema monumental. Debe negociar de buena fe con una parte de la insurgencia mientras combate militarmente a la otra. El éxito en la mesa de Bogotá depende, en gran medida, de la capacidad del Estado para contener la violencia en el campo. Si el cese al fuego no se renueva o si la guerra con la facción de ‘Mordisco’ se intensifica, todo el andamiaje de la «Paz Total» podría derrumbarse, demostrando una vez más la extrema complejidad de poner fin a un conflicto con actores armados cada vez más fragmentados y sin un mando unificado.


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